La torpeza a veces se disfraza de ambición. Cuando uno carece de brújula ideológica y desprecia el diálogo solo le queda la memoria, pero aquel que nada ha hecho nada puede recordar. Ciudadanos ha cometido un acto de impericia política en el Ayuntamiento de Madrid del tamaño de un asteroide. No me atrevo a decir que el impacto de este error entre su electorado (siempre prestado) vaya a terminar con la relevancia de un partido que tuvo arrancada de caballo y que ha sufrido una parada de burro en las últimas elecciones generales, lo que sí me arriesgo a afirmar es que le ha dado oxígeno a su principal adversario: el PP.

Los populares, permítanme la comparación al tiempo que ruego un poco de sentido del humor, son como los gremlins. No se les puede dar alimento después del último descalabro electoral. Y Ciudadanos lo ha hecho. Además, devolviéndolos a la Alcaldía de Madrid, los introduce en la piscina del poder (otra de las reglas que no se deben quebrantar con los gremlins).

Villacís y los suyos verán sus sueldos aumentados con respecto a la legislatura anterior pero han apostado todo su capital político en una empresa de demolición que va a llevárselos por delante. Han obedecido patosamente el proverbio irlandés, aquel que dice que vale más ser cobarde un minuto que pasarse muerto el resto de la vida.

¿Qué ha ganado la formación naranja? He aquí la pregunta que considero equivocada. La correcta es: ¿por qué ha hecho esto Ciudadanos? Y la única respuesta que encuentro es que ha tenido miedo a su propio reflejo. Les ha aterrorizado ser protagonistas en un gobierno local como el de Madrid. No es una cuestión de crisis escénica. Se trata, lo creo sinceramente, de que son una compañía teatral que no se sabe el argumento de la obra. Prefieren diluirse en un gobierno de derecha rancia y compartir responsabilidades desde una posición de perfil que dominan con maestría.

¿Y Vox? Los más duros, los salvadores de las esencias españolas. Iban a ser el azote de la heterodoxia costumbrista, ¡y míralos!, les han dejado con el pie cambiado con un simple juego trilero. Nuestro nuevo alcalde les ha hecho un regate digno de Griezmann dejándolos clavados en el ridículo. La derechita que ellos tanto critican será cobarde pero se las sabe todas en el arte del carterismo negociador. Cuando sales al terreno de juego y en menos de un minuto te meten gol no es que algo falle en la estrategia, es que eres muy malo jugando al fútbol.

Empieza una nueva legislatura en la que, entre los tres partidos de derechas, se va a escuchar sin descanso: disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro.