Podría haber titulado también este artículo "El odio selectivo".

Hoy es posible acercarse al supermercado de la rabia en el que se han convertido las redes sociales y elegir a quién queremos odiar y con quién nos vamos a sentir solidario. Es fácil y barato ir achatando el alma y el cerebro para proceder a deshumanizar a quien sea. Algo sé de que no te miren como a un ser humano, así como de ser acosada, insultada y humillada. Tengo la enorme suerte de haber sobrevivido a la persecución precisa y sistemática durante largos años. Muchos no lo consiguieron.

Nací en Hernani, en el epicentro de la cultura violenta de la identidad vasca y por eso me preocupa especialmente la banalización de la crueldad, de la ira y del odio que cosifica y deshumaniza. Porque he sentido y escuchado el odio de los vecinos que en las calles pedían nuestra muerte. Sí, antes de la violencia están las palabras que llaman al odio. Y algunos hablan con frivolidad, a veces con gran capacidad de comunicación y otros van enloqueciendo y un día, insultan sin tasa o pegan, o matan. Los seres humanos podemos convertirnos en una jauría de chacales.

Yo no creo que todos los tuits repugnantes deben ser objeto de persecución penal, aunque tal vez hicieran falta multas para algunos que merecen alguna reprobación que no alcanzaría a ser penal. No he escuchado quejas sobre la sentencia de cárcel de un bestia que en las redes sociales pedía más asesinatos a mujeres. Pero quienes se han rasgado las vestiduras con Valtonyc, tal vez no conocen el odio que propaga.

El Tribunal Supremo ratificó su condena por los delitos de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, injurias graves a la Corona y amenazas. Y lo cierto es que resulta sistemático el apoyo a los asesinatos y secuestros de GRAPO o ETA. Realiza un retorno a los asesinatos de Paracuellos en una especie de magma en el tiempo histórico. Se ríe de la tortura de Ortega Lara, o del asesinato del empresario Publio Cordón, cuyo cuerpo nunca apareció, o el de Eduardo Puelles, que tardó en morir en su coche en llamas tras la explosión de una bomba lapa, sin que nadie pudiera ayudarle.

Desea que aquellos sobre los que tiene una fobia ideológica sean asesinados, pero además con un plus de crueldad para que el sufrimiento se alargue. Y lo proclama para que muchos más lo sigan. Por seleccionar alguna cosa: "Para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas y exploten brindaremos con champán". "Mi ansia aumenta cada vez que reprimen comunistas y vuelan mis ganas de entrar en la guerrilla, así que, que sigan que sigan y el próximo Paracuellos será en mi puta isla". "¿Soy un molotov en la sede de UPyD? Siete tiros de la glock de Iñaki Bilbao al juez". "Bauzá debería morir en una cámara de gas, ¿pero va? Eso es poco, su casa, su farmacia, le prenderemos fuego". "No soy ningún hipócrita pero a veces me cuesta dejar a la gente en evidencia, creo que debe ser por eso de que soy una buena persona, pero por mí el Bauzá habría muerto ya de una bomba". "Mataría a Esperanza Aguirre, pero antes, le haría ver como su hijo vive entre ratas". "Licencia para matar, quedarán pocos vivos, acabaré con izquierda, PSOE, y también CiU". "A mí me toca la polla toda la AVT, no tienen empatía con los que no pueden pasar el mes". "Yo reventé el culo de Eduardo Puelles". He sentido un escalofrío al releer los textos.

La mezcla de autoritarismo, de percepción de la superioridad moral, de desprecio a otras visiones ideológicas, agitada en la coctelera del asesinato sádico como medio de alcanzar el poder político es objetivamente grave. Hace pocos días pensaba que tras escuchar el Journey de Mark Eliyahu nadie podría matar y que me habría gustado que lo escucharan en Andoain, donde todavía reciben como héroes, por haber ayudado a matar. No me atreví a contárselo a nadie, pero espantada por lo que he conocido, lo hago.