No, Julen: no es tu primera caída en un Mundial. Todos recordamos la otra, en 2006, en el de Alemania. Aquel desmayo, justo cuando ibas a explicar en la tele cómo jugaba la selección, corrió como la pólvora (un banco gallego lo usó en su publicidad y lo premiaron en Cannes).

"El Mundial… España… está por encima… de todo", se te oyó musitar antes de desplomarte como un saco de patatas. “¿No queríais sorpresas? Nos vamos a publicidad, ahora volvemos", recogió entre risas Patxi Alonso. Doce años después, al despertar de tu segunda caída, ya no estaba Patxi, sino Luis Rubiales enseñándote la puerta. A la calle 22 días después de renovar, a 48 horas de debutar contra Portugal, el equipo de la estrella de tu nuevo vestuario: el del Real Madrid.

Ese club que, primero, contraprograma una moción de censura y, después, la vuelta de Urdangarin. Y, si por el medio provoca un terremoto en la selección, ¿qué es eso ante la tranquilidad de la Casa Blanca? Tocaba calmar los ánimos tras la espantá de Zidane, y Florentino –para siempre ya el César Riezu creado por Tallón en Salvaje Oeste– decidió hacer suyo el lema de la Roja: "Tenemos que hacer que ocurra".

El anuncio oficial de Concha Espina –las filtraciones son para Terito y los viejos– tuvo la única consecuencia posible. Mientras Griezmann, aguantando la presión, echa balones fuera, tú haces la maleta. Pero no habrá banderas a media asta. Los auténticos patriotas saben que el Madrid es lo que de verdad importa. Ese sí es el equipo de España. ¿La Roja? Por favor… ¡Si ahí juega hasta Piqué! Hace doce años, Patxi avisó: "¿No queríais sorpresas?". Julen, no imagino qué nos tienes preparado para Catar…