Se define como ‘ignorancia pluralizada’ al fenómeno por el cual las personas, en ocasiones, atribuyen una actitud mayoritaria al grupo, y se equivocan. Ya que cada miembro del grupo, en privado, contesta lo contrario que dice ante el grupo.

Un ejemplo que se suele exponer en estos casos es el de los grupos de adolescentes. En privado, el/la adolescente en realidad no es muy partidario de beber o de fumar o porros. Las veces que lo ha probado ha acabado vomitando o declarándose a ese chico o chica que pasa millas de él/ella, y haciendo más el ridículo que Tarzán con liguero. Pero, por aquello de la presión de los pares, en el grupo bebe y fuma, arriesgando la dignidad, y bastantes cosas más.

A todas las cincuentañeras divorciadas les ha dado por ponerse a jugar al Tinder como locas a la caza de jovencitos

Es posible que en un grupo de diez adolescentes en realidad nadie quiera, en el fondo, beber o drogarse, pero lo hacen porque se quieren integrar. Puede que el único al que de verdad le gusten la priva y los canutos sea al líder, al más popular.

El último ejemplo con el que me he encontrado de ignorancia pluralizada lo encuentro en un grupo de cincuentañeras (recuerden, no somos cincuentonas… ejem) con las que quedo de cuando en cuando. Todas ellas divorciadas. Y a todas les ha dado por ponerse a jugar al Tinder como locas a la caza de jovencitos menores de treinta.

Todas ellas creen que eso es lo moderno, lo chic, lo que hay que hacer ahora. Pero me temo que si les preguntases de una a una en realidad te confesarían que preferirían quedarse en casa a acurrucarse en el sofá al lado de un señor gordo y de su edad.

Y qué decir de la feminista interseccional o del militante de Izquierda Anticapitalista que no se atreven a ir a las asambleas y reconocer sin pudor ni ambages, en medio de la barbacoa vegana de tofu y seitán, que a ellos lo que les gusta de verdad son las chuletas de cordero y las longanizas. O del típico hípster moderno de pro que cuando sale de marcha se pone hasta las cejas de todo y más porque sus amigos lo hacen. Pero luego, en privado, te reconoce que en realidad está harto de bajones depresivos pos fin de semana, y de mensajes deguasap de madrugada, y que le encantaría conocer a una chica que no se drogase, aunque escuchase a Camela y se vistiese en Almacenes La Residual.

Y la líder al que este tipo de hípster sigue es una muñeca. Una muñeca con un millón de seguidores en Instagram: la Socality Barbie. Socality es una especie de movimiento hípster que te mete en el mismo párrafo "Dios" e "influencers"

Socality es una especie de movimiento hípster que te mete en el mismo párrafo "Dios" e"influencers"y que se expresa –entre otras vías– por Instagram. Creen en la paz, el amor y la naturaleza, y difunden su mensaje a base de fotos bonitas, frases de Chuck Klosterman, Tao Lin y Teju Cole (aunque uno no los lea y mucho menos los entienda) y un montón dehashtags. Esta Barbie se mofa de eso, del slow living, del frapuccino, de los selfis, del postureo y de toda la ignorancia pluralizada (y puerilizada) de la red.

Nuestra Barbie se descojona de unas vidas y situaciones tan artificiales y prefabricadas que podrían ser de plástico. La de todos esos ignorantes plurales que creen que hay que tener cierta actitud, cierta opinión, cierto estilo de vida, ciertas fotos, solo porque los viven los demás.

De ahí el nombre de Ignorancia Pluralizada: todos comparten pluralmente una visión falsa de la realidad. Una visión falsa compartida. Y como buenos ignorantes, ignoran su propia ignorancia.