El tiempo huye. En la anterior oleada de Ulises, elaborada al inicio del verano, los datos nos hablaban de optimismo o, como mínimo, de un leve respiro con el rumbo del país. Estábamos ligeramente más satisfechos que de costumbre con la situación económica, con la calidad y oferta de empleo y, sobre todo, con la política: estrenábamos Gobierno.

Pero en su huida hacia adelante, el tiempo parece haber matizado ese estado de ánimo. Los ciudadanos son menos entusiastas con la situación económica, ven un menor optimismo en la sociedad y, sobre todo, cae su satisfacción con la situación política: se terminó la luna de miel.

Últimamente, el tiempo en la política española pasa volando. Hemos tenido un sinfín de escenarios: un Gobierno en funciones, una investidura fallida, un pacto entre las derechas, una malograda moción de censura, otra que salió adelante y, finalmente, un pacto entre las izquierdas. Ahora, y posiblemente debido al calendario electoral, con unas importantes elecciones en Andalucía el 2-D, parece que nos adentramos en una nueva etapa en la que el tono del debate se vuelve más duro y crece la tensión.

Y, con respecto al ánimo ciudadano, ¿qué cabe esperar de esta nueva etapa? En principio, un debate más agrio debería afectar negativamente a la ya de por sí baja satisfacción con la política. Si esto lo unimos a las dudas que aparecen sobre la economía, la cosa no pinta mucho mejor. Sin embargo, el tiempo nos ha enseñado últimamente a no dar nada por sentado: todo está abierto y todo puede pasar. Estaremos atentos.

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