El juego de azar, las apuestas, están prohibidas para los menores de edad, pero en la práctica, niños y adolescentes juegan sobre todo a juegos online en los que se apuesta dinero en algún tipo de suceso fortuito, principalmente deportivo, pero también a ruletas, tragaperras o slots. Entre 2013 y 2017 se han duplicado los jugadores online activos (que juegan al menos una vez al mes) pasando de 643.158 a 1.394.757.

Si bien en tiempos pasados, la ludopatía o el juego en los menores necesitaba un desplazamiento físico a un local y la «vergüenza» que suponía ser reconocido por conocidos o familiares frenaba a la mayor parte de ellos, pero hoy en día se puede jugar desde cualquier dispositivo, incluido el móvil. Los menores meten la tarjeta de crédito y el DNI de sus padres y tienen acceso a un mundo virtual de juego que es infinito donde se garantiza su anonimato. Apuestas deportivas online

Pero antes han recibido miles de anuncios en radio, TV, prensa y por supuesto a través de sus influencers favoritos a sueldo de las empresas de los juegos de azar digitales y por supuesto han podido practicar de ‘forma gratuita’ en los cientos de webs que te ‘regalan’ dinero (100 euros, 150 euros), lo que sin duda es el mejor gancho utilizado para captar a los jóvenes.

La mayoría de las webs de juegos de azar animan a jugar sin dinero a modo de práctica o de prueba. Al jugar sin dinero propio no pesa en los jugadores la responsabilidad de perderlo, pero una vez han probado el juego se sienten animados a arriesgar y entonces es cuando comienzan a apostar dinero. Se estima que de cada 100 sujetos que prueban, diez de ellos desarrollarán una ludopatía.

Esto ocurre en mayor medida con los menores de edad, que comienzan a jugar en estas webs desde su propia casa o en grupos de amigos, apuestan a todo tipo de variables: quién marcará primero, cuántos goles marcará cada equipo, etc.

Lamentablemente las pérdidas llegarán y es entonces cuando intentarán recuperar lo perdido, y aunque ganen alguna vez, las pérdidas siempre superarán a las ganancias, lo que los llevará a pedir y en ocasiones robar dinero a familiares o amigos. Lo que antes era un juego por placer, entretenimiento y diversión se ha convertido en una necesidad, una adicción.