Ya se sabe. Las elecciones se celebrarán el próximo 28 de abril, un mes antes de las elecciones locales, regionales y europeas. Antes de someter los Presupuestos a votación, la petición de adelanto electoral era mayoritaria entre la ciudadanía, pero se circunscribía a los electores de los partidos que no apoyaron a Sánchez en su exitosa moción de censura.

Tras el rechazo del Congreso a aprobar las cuentas del Ejecutivo, esa reclamación mayoritaria se extendió, también, entre el electorado del PSOE y entre el de Unidos Podemos, los dos más reacios a adelantar la cita con las urnas.

El sondeo de Metroscopia que este lunes se publica en este diario marca las posiciones de salida de los principales partidos, que tienen algo más de dos meses para mejorar sus expectativas. En primer lugar, los datos indican la reafirmación del pentapartidismo nacional anticipado por Metroscopia desde antes de las elecciones andaluzas: cinco partidos por encima del 10% de los votos sin que ninguno logre alcanzar el 30%.

Un pentapartidismo que en estos pocos meses de vida ha adoptado diferentes esquemas: desde una estructura de triángulo invertido [2+2+1 (dos partidos por encima del 20%, otros dos entre el 15% y el 20% y uno por debajo del 15%)], hasta otra en forma de rombo [1+3+1: un partido destacado, tres partidos por debajo del 20% y uno por debajo del 15%].

Ahora, al comienzo de la recta final hacia las elecciones generales, las posiciones se presentan más estiradas y el pentapartidismo adopta un esquema nuevo: 1+1+3.

El PSOE –en gran parte, como consecuencia del desplome de Unidos Podemos y del descenso de Ciudadanos– logra ampliar la ventaja que tenía y parte con siete puntos por encima del PP. La segunda posición de los populares no debe ocultar que, de confirmarse, se trataría de su peor resultado histórico. Ahora, tres partidos aparecen situados en el entorno, o por debajo, del 15% de los votos: Ciudadanos, Unidos Podemos y Vox. Pero nada de esto es, por supuesto, irreversible.

Con todo, cabe recordar que, en sistemas de partidos tan fragmentados y tan competitivos, como en estos momentos es el español, no siempre el ganador aritmético –el partido que obtiene mayor número de votos y escaños– coincide con el ganador político –el partido que acaba presidiendo el Gobierno–. Las recientes elecciones andaluzas dan fe de ello.

En España, en apenas un lustro, se han vivido situaciones inéditas desde el punto de vista de nuestra historia política: cambios en el sistema de partidos, repetición de elecciones generales, una moción de censura concluida con éxito… Tras las elecciones generales del próximo 28 de abril podríamos añadir un hito más a este listado: la conformación de un Gobierno nacional compartido y, por tanto, con partidos: es decir, el poder ejercido por una coalición.

Y en un escenario de ese tipo, Ciudadanos es el que, pese a su actual posición de partida, cuenta con mejores perspectivas de facilitar la gobernabilidad.