Los datos del Instituto Nacional de Estadística señalan que, durante el año 2016, el precio de la vivienda -tanto nueva como de segunda mano- se aceleró en España hasta alcanzar una subida promedio de un 4,7%, la mayor desde el año 2007. Este dato confirma la tendencia al crecimiento que se inició en 2014, tras el derrumbe producido por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La paralización de la construcción durante los años más duros de la crisis, así como la recuperación del empleo y los bajos tipos de interés provocados por la política monetaria del Banco Central Europeo, están impulsando al alza el precio de la vivienda, todavía lejos de los máximos previos a la crisis, pero apuntando un ritmo de crecimiento que debe llamar la atención.

La recuperación ha llegado también a este sector, que incrementa su dinamismo

La recuperación ha llegado también a este sector, que ha comenzado a incrementar sus niveles de dinamismo y que lleva ya tres años creando empleo, si bien todavía muy lejos de los niveles alcanzados antes de la crisis. Según el servicio de Estudios de la Fundación Funcas, la inversión en el sector inmobiliario se reactivó en 2016 y volverá a crecer en 2017.

¿Significan estos datos que España está entrando en una nueva fase de burbuja inmobiliaria? Afortunadamente, en principio, no lo parece. Pese a que algunos estudios, como el publicado por el semanario británico The Economist, señalan que los precios en España siguen por encima de su valoración -hasta un 25% por encima-, el crecimiento tanto del sector de la construcción como de los precios de la vivienda se sitúa, de momento, en rangos que no permiten afirmar el crecimiento de una nueva burbuja. Algunas decisiones políticas, tal y como la negativa de la Comunidad de Madrid a contribuir al desarrollo de un nuevo pelotazo urbanístico en su territorio -el macrocomplejo del grupo Cordish- podrían hacernos pensar que la clase política, que tantos réditos obtuvo con las plusvalías durante los años previos a la crisis, ha aprendido la lección  y que no volveremos a ver esta connivencia entre el sector financiero, el sector inmobiliario y el sector político.

No de momento. Pero conviene estar alerta. En la medida en que la demanda continúe su reactivación, y mientras se mantengan bajos los tipos de interés, la tentación de convertir el sector de la construcción en una nueva cornucopia seguirá presente. Por ello, conviene que los poderes públicos tomen precauciones al respecto, incluyendo el propio Banco de España, para que, llegado el momento, puedan hacerse efectivas medidas prudenciales suficientes para evitar un nuevo desborde.

Necesitamos una política de vivienda que merezca tal nombre

Reactivar el mercado de alquiler, por su parte, no será suficiente. Las rentas mensuales han experimentado mayores incrementos que el precio de compra, debido a varios factores, como el 'efecto sustitución' que ha provocado la paralización del mercado de compraventa durante la crisis, llevando a mucha gente al mercado de alquiler,  o, en determinados barrios urbanos, el incremento de la vivienda turística, que ha limitado el parque de viviendas disponibles. Cabe señalar, en cualquier caso, que los precios del alquiler siguen, al menos de momento, por debajo de los del año 2007.

¿Qué podremos hacer, entonces, para dar cabida a la demanda de vivienda al tiempo que evitamos nuevos excesos? Necesitamos una política de vivienda que merezca tal nombre, que permita la construcción de viviendas públicas al tiempo que genera los mecanismos prudenciales necesarios para evitar situaciones de sobreendeudamiento en familias y promotores. No se trata -ni mucho menos- de sacar del mercado inmobiliario a los operadores privados, sino de que el sector público actúe de moderador tanto de la oferta y la demanda como de las expectativas de rentabilidad. De este modo, la construcción podría contribuir a la recuperación del empleo y la actividad económica de una manera más positiva que en el pasado.