Por fin, España ha recuperado el nivel de producto interior bruto que tenía en los meses previos a la crisis. Dato que no podía ser sino motivo de satisfacción por parte de nuestros gestores y de sus monitores internacionales, que siguen presentando a España como un ejemplo a seguir en materia de política económica durante los últimos años, aunque sea a costa de alargar los plazos para la consolidación fiscal, haber amenazado a España con sanciones por su déficit público y mantenernos bajo la vigilancia del programa vinculado al rescate financiero de 2012.

España ha recuperado su nivel de PIB, pero veamos otros indicadores: el indicador Arope, que mide el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social, se situaba en 2016 en el 27,2% de la población, mientras que en 2008 se situaba en el 22,7%. Para los menores de 16 años, este indicador ha pasado del 29,6% al 31,7%. Hay casi dos millones de personas menos trabajando en el segundo trimestre de 2017 (18,8 millones) que en el segundo trimestre de 2008 (20,6 millones). Los parados de larga duración –más de un año de tiempo de búsqueda de empleo– se han multiplicado por cuatro, de algo más de medio millón de personas en 2008 a dos millones en el segundo trimestre de 2017, trimestre en el que se trabajaron 8,5 millones de horas, unas 700.000 horas menos que en el mismo periodo de 2008. La participación de los salarios en el PIB ha perdido entre dos y tres puntos, y la desigualdad económica, medida en términos de coeficiente de Gini, ha pasado de 32,4 a 34,5 entre 2008 y 2016. Los hogares donde ninguna persona recibe ingresos han pasado de 392.000 en 2008 a 602.000 en 2017. El coste salarial promedio por trabajador está prácticamente en los mismos niveles nominales, lo cual significa un descenso, en términos reales, de un 7,8% de capacidad adquisitiva.

Atendiendo a otras variables, la deuda pública ha pasado del 39% del PIB en 2008 al 99% en 2016. El fondo de reserva de las pensiones mantenía, en 2008, 57.000 millones de euros, fondo que este año verá con bastante probabilidad su fin, y con él, la necesidad de que el Estado realice un préstamo a la Seguridad Social para poder hacer frente a sus necesidades. La deuda externa de España –pública y privada– alcanzó en 2017 el 170% del PIB, unos 250.000 millones de euros más que en 2008. En cuanto a la prima de riesgo, a 31 de diciembre de 2008, España mantenía un diferencial de 88 puntos básicos respecto al bono alemán, mientras que el último dato disponible la situaba en 107 puntos básicos, tras escalar hasta 650 puntos en julio de 2012. El IBEX 35 está también muy lejos de recuperar los máximos alcanzados en 2008: de los 14.000 puntos de la primavera de 2008, que marcaron el máximo de ese año, a los 10.905 de junio de 2017.

Habrá una necesidad de que el Estado realice un préstamo a la Seguridad Social para poder hacer frente a sus necesidades

En términos de competitividad, España sigue perdiendo posiciones en materia de innovación: en 2016, su puntuación en el índice de innovación de la Unión Europea es menor que la obtenida en 2010, y más lejos del promedio de la Unión Europea. De totalizar unos 14.700 millones de euros en gasto en I+D en 2008, hemos pasado a 13.171 en 2015, lo cual ha significado pasar de dedicar el 1,35% del PIB a I+D a un 1,22% en 2015. Se han perdido 15.000 puestos de trabajo, contabilizados en jornada completa, entre el personal investigador. En este ámbito, solo puede considerarse positiva la evolución de las inversiones en startups, que pasaron de 257 millones en 2008 a 659 millones en 2015, de acuerdo con los datos de la Asociación Española de Capital Riesgo.

No se trata de ofrecer un panorama sombrío sobre la economía española. Hemos vivido años muy duros, con un inmenso coste económico y sobre todo social, que fueron además acrecentados por la pusilánime primero y errónea después política económica marcada, en gran medida, por las instancias europeas. Pero por favor, no nos tomen el pelo cuando hablen triunfalmente de recuperación. Ha sido más de una década perdida. Queda mucho por hacer.