Qué podemos esperar de 2017

JOSÉ MOISÉS MARTÍN CARRETERO. ECONOMISTA
Economista. CEO en Red2Red Consultores.
Economista. CEO en  Red2Red Consultores.
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El año 2017 arrancará con no pocas incertidumbres económicas. La llegada al poder de Donald Trump y su agresiva forma de hacer política se materializará en una paulatina, pero evidente, tendencia al proteccionismo comercial y al auge del nacionalismo económico, donde podemos esperar nuevas batallas comerciales que esperemos no se conviertan en una auténtica guerra. No podremos esperar tampoco muchos progresos en el ámbito de la cooperación internacional, habida cuenta de que Estados Unidos, segundo emisor del planeta, ha propuesto como director de su agencia medioambiental a un negacionista del cambio climático. El enfado de Trump con la reciente Resolución del Consejo de Seguridad condenando los asentamientos israelíes en el territorio ocupado de Palestina tampoco auguran buenas relaciones con Naciones Unidas y con su agenda de desarrollo sostenible.

Por su parte, Europa se enfrentará a las elecciones presidenciales francesas y a las elecciones legislativas en Alemania con un importante auge de la extrema derecha nacionalista, al tiempo que debe concretarse la activación del proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea. El cambio de ciclo político puede suponer una nueva erosión en la capacidad de la Comisión Europea para ordenar la gestión económica de la eurozona, habida cuenta de la negativa del Consejo de la Unión Europea a aceptar la tímida propuesta de expansión fiscal que realizó para reactivar la languideciente economía del viejo continente. Problemas enquistados, como la situación de una Grecia que sigue sin poder respirar, tendrán que esperar en la cola de problemas sin resolver de la Unión Europea.

No, no pinta bien en el escenario internacional. Mientras tanto, en España, acotaremos durante 2017 el impacto de los ajustes fiscales exigidos por la Comisión para lograr nuestro objetivo de déficit, haciendo recaer buena parte del mismo en los ingresos del impuesto por sociedades y los impuestos especiales, y esperaremos que la recuperación económica, que empezará a perder fuelle, permita que los puestos de trabajo que se creen sean suficiente para rebajar la enorme bolsa de pobreza y exclusión social que amenaza con quedarse enquistada tras la crisis. La realidad del Gobierno en minoría del Partido Popular, y la capacidad de influencia que puedan ejercer los grupos de la oposición en la política económica de la recién nacida legislatura, marcará buena parte del desempeño que alcancemos, sabiendo que España no tendrá espacio fiscal suficiente para reactivar aspectos tan clave como la I+D, o para dotar de contenido a la política de lucha contra la pobreza –sin apellidos- que tan imperiosamente necesitamos relanzar.

No todo son malas noticias ni incertidumbres: la fuerte desaceleración de las economías emergentes durante 2016, particularmente en América Latina, puede dejar paso a un repunte del crecimiento, lo cual sería muy positivo para nuestros intereses económicos en la región, y en términos generales la economía global crecerá más que en 2016, aunque tendremos que ver cómo se desarrolla la política comercial de Trump para saber qué impacto tendrá en el comercio internacional. Por su parte, todos los indicios señalan que el barril de petróleo volverá a subir durante 2017, una vez se haya consolidado –si lo hace- el acuerdo de reducción de la producción alcanzado en noviembre de este año.

En conclusión, nos espera un año de fuertes turbulencias, donde el elemento clave será la gestión política que se realice desde los centros de poder internacional como Whasington, Beijin o Berlín. Son malos tiempos para el multilateralismo, veremos que nos aporta el auge del nacionalismo económico y la erosión del orden económico liberal. De momento, no parece que vaya a traer nada bueno, pero la historia nunca está escrita de antemano. Bienvenidos a 2017.

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