¿El final del neoliberalismo?

JOSÉ MOISÉS MARTÍN CARRETERO. ECONOMISTA
José Moisés Martín Carretero, colaborador de 20minutos.
José Moisés Martín Carretero, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Aunque no nos lo parezca, ni Cataluña ni España son el centro del mundo y la agenda de la economía global se sigue desarrollando sin mayor alteración.

Sin ir más lejos, esta semana han tenido lugar los encuentros anuales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Los encuentros anuales son una suerte de congreso anual sobre el estado de la economía internacional, en los que gobernadores de Bancos Centrales, ministros de economía, funcionarios de los más diversos organismos internacionales y expertos se reúnen para debatir y diagnosticar los aspectos clave del desarrollo de la economía global.

Por mucho que la economía global esté experimentando, tras años de dudas, un crecimiento económico generalizado, persisten las debilidades y los retos. El presidente del Banco Mundial se refirió a ellos en su discurso inaugural, incluyendo los retos del cambio climático y la crisis global de los refugiados, sin olvidar prioridades como la inversión en capital humano o la desigualdad global. Jim Yong Kim se refirió especialmente a la necesidad de abordar las inversiones necesarias en un mundo donde todavía 155 millones de niños sufren retrasos de crecimiento, o donde 400 millones de personas no disponen de acceso a servicios esenciales de salud.

Por su parte, la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, se refirió a la sólida recuperación internacional y centró tres prioridades a la consolidación: mejorar los fundamentos económicos del crecimiento, luchar contra la desigualdad y abordar las inquietudes más relevantes para las generaciones jóvenes, que situó en la lucha contra la corrupción y contra el cambio climático.

Como cada año, los encuentros se aprovecharon para presentar algunas de las publicaciones institucionales de ambas organizaciones, destacando este año la presentación de la edición de otoño del Monitor Fiscal de Fondo Monetario internacional, dedicado a la relación entre fiscalidad y desigualdad. Contra todo pronóstico, el anteriormente conocido buque insignia del neoliberalismo presentó un informe que supone una carga de profundidad contra algunos de los tópicos más extendidos en materia de política fiscal, defendiendo la progresividad de los impuestos como factor reductor de la desigualdad.

En efecto, este último estudio del FMI señala la ausencia de evidencia que relaciona la progresividad fiscal con un descenso en las tasas de crecimiento económico, e invita a las economías con bajos niveles de progresividad a subir los impuestos a los más ricos sin que por ello se dañen las perspectivas de crecimiento a largo plazo. También aboga por una mayor armonización entre los impuestos al trabajo y los impuestos a las rentas del capital y, por primera vez, contempla abiertamente las potencialidades de una renta básica universal.

Para aquellos que ya tienen cierta edad, leer estas afirmaciones en un informe anual de una institución como el Fondo Monetario Internacional no deja de ser chocante: en nuestro imaginario, el FMI ha aparecido siempre como una de las instituciones parteras de neoliberalismo y de la economía de mercado sin restricciones. Sin embargo, la evolución intelectual y de orientación de políticas de los últimos años certifica un giro hacia un nuevo reequilibrio hacia economías mixtas capaces de enfrentarse a retos globales como el cambio climático o la desigualdad. Un giro que ya comenzó con la meritoria actuación de su anterior economista jefe, el neokeynesiano Olivier Blanchard, y que está continuando Maurice Obstfeld bajo el liderazgo de la controvertida Christine Lagarde.

¿Podemos ya certificar el fin del neoliberalismo? Quizá sea pronto para ello, pero lo que es evidente es que ya no es la fuerza hegemónica que fue. Al menos no en las ideas. Buenas noticias, pues.

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