La transición digital es imparable, y su materia prima, los datos, son un bien abundante; es más, son un bien abrumador, donde el problema que se genera tiene que ver más con la digestión de los mismos que con su identificación y sistematización. Nos sobran datos. También, y en breve, tendremos todo el talento necesario para identificar, generar y promover nuevas aplicaciones para estos datos. La adaptación del talento humano a la realidad digital está siendo más lenta que la capacidad de la misma para generar materia prima, pero es de esperar que los programas de formación y la gestión de los recursos humanos terminen por incrementar y mantener a especialistas con las habilidades necesarias para gestionar, procesar y ofrecer valor a través de los mismos.

El premio es mantener a los potenciales usuarios atentos a lo que les queremos venderEl problema de la economía digital, lo que la define como economía -en tanto existe un bien escaso- no está ni en los datos, ni en el talento. Está en la atención. La economía digital es una economía de la atención: de la capacidad de captar el interés de los consumidores, y detrás del interés, la capacidad de convertir ese interés en ventas o en tráfico. Es la atención lo que es el verdadero bien escaso de la nueva era económica. Los especialistas en emprendimiento lo enseñan en sus talleres, los expertos digitales lo advierten: en una era de sobreexposición informativa, que nos bombardea desde la televisión, la radio, el móvil, las redes sociales, las web que visitamos y nuestros correos electrónicos, el verdadero premio es mantener a los potenciales usuarios o clientes atentos a lo que les queremos vender. Y el tiempo corre en contra. Las presentaciones de productos se han convertido en 'pitchs', es decir, en intervenciones muy cortas donde se concentra la esencia de los mensajes. El tiempo medio de atención de un ser humano se está reduciendo, fruto de la fragmentación y la sobreexposición a diferentes estímulos informativos. Las noticias nacen, crecen y mueren en poco tiempo. Según el laboratorio de Palo Alto de Hewlet Packard, el promedio de relevancia de una noticia son 69 minutos. Para las charlas y presentaciones TED, se estima un máximo de 18 minutos. Las métricas de la web miden no sólo el número de personas que las visitan, sino también el tiempo que permanecen en ellas (unos dos minutos y medio), el cual no deja de reducirse año a año. El servicio, el mensaje o el producto nos deben de enganchar prácticamente desde el primer segundo, y ser capaces de provocar una reacción-positiva- en menos tiempo que en el que se agota el interés, que suelen ser unos seis segundos.

Son las palabras, las historias, las que marcan la diferencia en la economía digital

La escasez de atención ha dado lugar a nuevos conceptos, como el de ‘atención parcial continua’, que supone que atendemos paralelamente a diferentes estímulos sin que ninguno de ellos logre cierta profundidad. Y también ha dado como resultado el movimiento contrario, o el mindfulness, como práctica para centrar la atención en aquello que se está haciendo en cada preciso momento -un concepto extraído de la cultura oriental, donde la meditación Zen se basa precisamente en esta práctica-.
Por todo ello gana importancia el arte del storytelling, o de contar historias. No basta con ofrecer presentaciones impactantes o datos concluyentes sobre la bondad del producto x o y. Cada producto necesita un 'relato', una historia que nos mantenga la atención y que nos permita dedicar el tiempo suficiente para decidirnos por comprar -o leer- o sencillamente pasar de largo. Paradójicamente, en una era donde parece primarse los contenidos 'duros' como las matemáticas o la programación informática, lo que define el éxito o el fracaso son contenidos tan 'blandos' como el arte de saber contar una buena historia manteniendo la atención del público. Son las palabras, las historias, y no los números, las que marcan la diferencia en la economía digital.