La Comunitat Valenciana ya tiene a su primer presidente condenado a una pena de prisión. Se trata de José Luis Olivas, que presidió la Generalitat, máxima autoridad del autogobierno valenciano, entre los años 2002 y 2003, durante el interludio entre el salto a Madrid de Eduardo Zaplana para ser ministro y el aterrizaje de Francisco Camps, en lo que iba a ser una operación tuledada por el propio Zaplana.

De hecho, aquella maniobra incluía un jugoso premio para Olivas: la presidencia de Bancaja, la joya de la corona del desaparecido sistema financiero valenciano. Posteriormente, tras la fusión de la entidad valenciana con Caja Madrid, Olivas fue vicepresidente de Bankia.

Su figura, aunque gris y casi siempre en un segundo plano, no ha sido ni mucho menos secundaria. Solo hay que ver la importancia de sus cargos y su trayectoria, ya que fue desde concejal en el Gobierno Local de Rita Barberá hasta conseller de Economía y Hacienda.

¿Puede un expresidente de la Generalitat seguir ostentando el rango de Molt Honorable después de ser condenado por falsificar una factura y por fraude fiscal? La imagen de la Comunitat Valenciana ya acumula suficientes manchas. Habrá que empezar a limpiar de una vez por todas.