Estimado Marcelo, ángel de la guarda de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior en funciones.

Supimos de usted, apreciado ángel custodio, por su custodiado Jorge, que nos reveló hace meses su nombre y nos aseguró que usted no sólo lo protege, guarda y guía como los más insignes teólogos establecen que los ángeles lo hagan, sino que siempre le ayuda "en las cosas grandes y en las pequeñas, como el aparcar". Ayúdele, buen Marcelo, a Jorge en este difícil trance, tras haber sido grabado maquinando contra sus rivales políticos. Aconséjelo bien, guíenoslo hacia la única puerta de salida que tiene: la de la dimisión. Apárquenoslo, en fin, ángel aparcador, y esta vez del todo.

Suponemos de su buen hacer profesional, apreciado Marcelo, que ya le aconsejó usted el aparcamiento perpetuo cuando Jorge fue pillado en otro mal paso, reunido en su despacho oficial con el imputado y correligionario suyo Rodrigo Rato. Suponemos también que sólo por cabezonería y tozudez no atendió Jorge su consejo. Insista ahora, convénzalo, recuérdele el antecedente y la sabia enseñanza de que arrepentidos los quiere el Señor y de que el arrepentimiento conlleva penitencia: la dimisión.

Ítem más, ángel. Cuentan que en el despacho del ministro no había durante la grabación más que dos personas: el propio Jorge y el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. Me barrunto de su eficacia que usted también andaba por allí. ¿Observó algo sospechoso, Marcelo? ¿Quién cree que grabó la conversación? ¿Sabe usted si hay muchas otras grabaciones?