De lo que veas, la mitad creas

JOSÉ CERVERA
Pepe Cervera, columnista de 20minutos.
Pepe Cervera, columnista de 20minutos.
20MINUTOS.ES

Lo vi con mis propios ojos; testigo ocular; una imagen vale por mil palabras. La sabiduría popular sabe que los hechos de segunda mano tienden a perder credibilidad y que nada tiene el poder probatorio de una imagen. De ahí la importancia que tienen las cámaras desde su invención: en el ámbito informativo casi siempre ver es entender, y creer. Hasta tal punto que la ‘cámara oculta’ se ha convertido en un género periodístico en sí misma, como los accidentes de micrófono aparentemente desconectado que a veces tienen serias consecuencias políticas. El hecho de que lo fotografiado o filmado va a misa se ha extendido tanto que muchas fuerzas policiales ahora llevan obligatoriamente una cámara para registrar las interacciones entre agentes y ciudadanía. En España los juicios han de ser filmados para su archivo, y las sentencias pueden ser anuladas si la grabación resulta ser defectuosa. El poder legal, y político, de la imagen es incontestable, pero recientes avances en inteligencia artificial y su aplicación al tratamiento de vídeos van a hacer terminar con esto. Ya.

Se trata de un efecto secundario derivado de los grandes adelantos producidos en los últimos tiempos en la técnica llamada ‘machine learning’ (aprendizaje de máquinas). Aplicando la última tecnología, resulta extraordinariamente sencillo hacer algo que hasta ahora apenas se podía hacer, y si acaso era complejo, lento y caro: tomar una imagen de vídeo y manipular su contenido en tiempo real. De este modo se podrán hacer maravillas por ejemplo en los programas televisivos en directo, a los que se podrán añadir personajes o paisajes de modo fiable, barato e indetectable. Lo malo es que también se podrá manipular lo que dice una persona ajustando en tiempo real la voz y el movimiento de los labios de tal modo que resulte prácticamente imposible detectar la trampa. Y esto tiene consecuencias muy serias.

Imagine lo que se puede hacer con este tipo de técnicas sobre un político, o sobre un personaje popular. Imagine el tipo de declaraciones que el equipo de Donald Trump podría hacer decir a Hillary Clinton, o viceversa; o lo que una televisión de Madrid podría hacerle decir a Messi, o una de Barcelona a Cristiano. Todo ello sobre la marcha, por ejemplo en un mitin o rueda de prensa, y de modo casi indetectable. Manipulación de imagen en movimiento; una especie de Photoshop pero de vídeo y en directo. Si hoy ya hablamos defake news y tenemos que tener cuidado con lo que retuiteamos por si es una foto manipulada, cabe imaginar el efecto que puede tener disponer de la capacidad de retorcer un vídeo. Con el inmediato e instintivo plus de credibilidad que tienen las imágenes en movimiento.

De modo que en el futuro creer cualquier cosa se hará muy cuesta arriba. Si un vídeo puede ser manipulado, si resulta casi trivial hacer decir a cualquiera lo que se quiera, la imagen en movimiento dejará de tener valor probatorio. Con lo cual nos encontraremos con un problema, porque ¿cómo podremos atestiguar la realidad real? ¿Qué ocupará el lugar de las filmaciones a la hora de servir de prueba irrefutable? En el peor de los casos, si esta tecnología se abarata tanto como para que cualquiera pueda usarla (incluyendo adolescentes aburridos y trolls de internet), llegaremos a un punto en el que va a ser imposible creer ni siquiera la mitad de lo que veamos. Aunque no hay que preocuparse mucho: ya se ha sugerido una solución como es entrenar a inteligencias artificiales para detectar la acción de otras inteligencias artificiales y así avisarnos cuándo estamos ante una falsificación. Luchar con fuego contra el fuego. Lo cual nos puede acabar metiendo en una espiral sin fin de falsificación-detección al final de la cual la principal víctima sea la idea misma de que la verdad existe. Si es que existió alguna vez...

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