Cuando los dioses quieren castigarnos, decía Karen Blixen en la película Memorias de África, atienden nuestras plegarias. Si las empresas de telecomunicaciones que acaban de ganar una batalla sobre la neutralidad de red en los EE UU aprovechan para modificar de modo sustancial el funcionamiento de Internet introduciendo múltiples niveles de acceso y limitaciones a la navegación libre se podrían encontrar sufriendo una versión postmoderna de esta maldición. Porque si abusan esta victoria de hoy podría despertar a un monstruo que las amenace mañana.

Ese monstruo es Silicon Valley, o para ser más exactos las empresas que ganan ingentes cantidades de dinero gracias a la navegación en abierto como Google o Facebook. Para que nos hagamos una idea las últimas cuentas trimestrales de Google (Alphabet) muestran unos ingresos de 22.700 millones de dólares (23.45o millones de euros) y unos beneficios de 6.700 millones de dólares (5.600 millones de euros). Las de Facebook tenían ingresos de 10.300 millones de dólares (8.700 millones de euros) con beneficios de 4.700 millones de dólares (casi 4.000 millones de euros). Eso les proporciona una potencia de fuego más que suficiente como para entrar en cualquier negocio como elefante en cacharrería. Incluyendo el de las telecomunicaciones.

Hasta ahora la situación en la Red no les ofrecía incentivos para hacerlo, a pesar de lo cual ambas empresas han jugado con el concepto. Y no sólo con ideas locas como los drones gigantes de Facebook o los globos del Proyecto Loon de Google sino con ejemplos más reales. Ambas empresas han comprado cables y espacio en cables submarinos; incluso han tendido nuevos, aunque en general justificándolo como necesario para su tráfico interno. Aunque Google Fiber o Free Basics (antes Internet.org) son más difíciles de explicar así: ambas son ofertas de acceso a Internet para el público en general que, aunque limitadas, podrían ampliarse. Estas empresas tienen por tanto el conocimiento y el dinero como para plantearse crear una infraestructura paralela a las de las telecos. Google y Facebook tienen conocimiento y dinero como para crear infraestructuras paralelas a las telecos

La neutralidad de red aseguraba que no tuviesen necesidad. ¿Para qué llevar a cabo las ingentes inversiones en infraestructura y atención al cliente necesarias para dar acceso a miles de millones de usuarios si ya estaban servidos? Pero la cosa cambia si de repente todos los bites transmitidos dejan de ser iguales y diferentes zonas de Internet están fuera del alcance de según qué usuarios. Esto supone una amenaza letal para los Google y los Facebook, y no por lo que pudiera parecer.

Esas empresas no tendrían ningún problema (como hemos visto) para pagar a las telecos por carriles de acceso preferente para sus usuarios. Además sus servicios son tan demandados que los usuarios de las telecos no aceptarían que se redujera la velocidad, no digamos el acceso, a sus páginas. El peligro para ellos es más sutil y mortífero, porque pone en riesgo la misma esencia de lo que son: si la neutralidad de red se degrada el servicio de buscador que es el principal atractivo de Google y un importante secundario para Facebook se derrumbaría. Sin búsqueda no hay usuarios; sin usuarios no hay publicidad ni ingresos. Una red que no es neutra es a la larga letal para Silicon Valley.

Sin neutralidad la gente no enlazará a las mejores páginas de Internet sino a aquellas que estén a su alcance; esto destruiría la utilidad del PageRank, el sistema de clasificación en el que Google basa su ventaja competitiva. Sin poder acceder a parte de la Red los amigos no podrían recomendarte en Facebook aquellas cosas que te gustan, sólo las que pueden ver; esto reduciría el interés de la interacción social allí y por tanto el atractivo del servicio. Los googles y los facebook necesitan una red neutra para sobrevivir y si las telecos no se la ofrecen se pueden encontrar con que se fabriquen ellos ofreciendo mejores y más baratos servicios de acceso financiados por los ingresos publicitarios. Un monstruo que sería muy difícil que las telecos puedan enfrentar. Sus plegarias han sido satisfechas por el momento, pero igual resulta ser un castigo de los dioses.