El primer libro de estilo lo escribieron setenta sabios judíos llamados a Alejandría en el siglo II antes de nuestra era para redactar el Antiguo Testamento. El último, es un work in progress que manufacturan en los santuarios vedados de Google. Aunque quizá se pueda argüir que uno y otro son insondables, el primero fue escrito en arameo y hebreo, idiomas glóticos compatibles con las cuerdas vocales humanas. El otro es una progresión de algoritmos, el lenguaje sistemático de las máquinas.

Me gusta un estilo sencillo y natural, que sea igual sobre el papel y los labios"Me gusta un estilo sencillo y natural, que sea igual sobre el papel y en los labios", decía Montaigne, inventor del ensayo, el protoperiodismo. El autor de Burdeos podía darse el lujo de proponer una opción así de afrancesada y educada: escribía en la edénica soledad de la torre de su castillo y no pensaba en nadie más que en la gorguera almidonada que le retenía el cuello. El público, que todavía hoy es una entelequia, se reducía en el XVI a algún mercader de paso.

El periodista y paranoide Hunter S. Thompson era más proactivo, como se dice ahora: "Hay muchas formas de practicar el arte del periodismo, y una de ellas es usarlo como un martillo para destruir a la gente correcta (...), quienes normalmente merecen ser destrozados porque están equivocados".

En algún lugar del trastero en el que guardo mis posesiones -nada mejor que encerrarlas para entender la insignificancia de lo tangible: en dos metros cúbicos cabe el derroche de una vida mientras en el corazón te sigue quedando muchísimo espacio libre- sestea una colección de libros de estilo, los manuales-código de algunos diarios. Tengo los de AP, El País, El Mundo, el Times... y mi favorito, el del fugaz periódico madrileño El Sol, que establecía como norma primaria la obligación psicodélica de escribir "a todo color".

Ahora entiendo por qué nos pagan menos que a las costureras de ZaraHace unos días recibí una guía con tips para escribir en internet y tener éxito con el Gran Jefe Universal de Redacción, que ahora se llama search engine optimization (SEO, posicionamiento en buscadores). Una de las recomendaciones diagnostica la situación terminal del periodismo generalista digital: lo que hace Google es concentrase en las palabras en negritas, dado que, como todo usuario, 'lee por encima' y debe irse de la noticia cuanto antes.

Una ración de negritas. Lo demás es detrito. Ahora entiendo por qué nos pagan menos que a las costureras-esclavas de Zara en Brasil y Pakistán. Nos pagan en negrita. Parece un vaticinio que sean prácticamente idénticos los fonemas de las siglas SEO y CEO (chief executive officer, director ejecutivo). Sospecho de una agenda oculta para la fusión sexual de ambos tipos de alienígenas.