Durante la noche del 5 al 6 de enero de 2019 Melchor, Gaspar y Baltasar pasaron por la casa del niño Pedro Sánchez y le dejaron sobre los zapatos una cajita. Cuando el muchacho la abrió se encontró con un papiro sobre el que estaba escrita una sola palabra: Vox. El chico no comprendió al principio el valor de aquel presente, pero muy pronto lo descubriría. Se puso en evidencia cuando 'los tres tenores' se hicieron juntos una foto a la vera del monumento a Cristóbal Colón.

Y, ahora, haciendo caso al «calculemos y no discutamos» de Gottfried Wilhelm Leibniz hagamos unos cálculos para que ustedes puedan discutir con fundamento. En las elecciones del pasado 28 de abril el centroderecha (PP+Cs+Vox) obtuvo 670.000 votos más que PSOE+Podemos. Es decir que sin contar a los nacionalistas (que nunca han sido de izquierdas) el centroderecha ganó en votos al centroizquierda, pero en escaños pasó lo contrario.

Concretamente 123 diputados del PSOE más 35 de Podemos, es decir, 158 frente a 66 del PP, 57 de Cs y 24 de Vox, total 147. ¿Y qué hubiera pasado si PP y Vox hubieran ido juntos? Pues que entrambos tendrían 21 escaños más que ahora, El PSOE hubiera perdido 10, Podemos 6 y Ciudadanos 3.

Mas lo peor para el centro derecha ha ocurrido en el Senado, donde han quedado con 60 escaños (56 PP+4 Cs+0 Vox). Mientras que el PSOE, él solo, tiene 121, es decir, la mayoría absoluta. ¿Puede haber una estupidez política mayor? Porque no se trataba de aplicar o no el artículo 155 sino tan solo de tenerlo a mano para meter en vereda a los golpistas catalanes.

En efecto, Vox ha sido un magnífico regalo de Reyes para Sánchez. Además, otro efecto perverso de Vox ha consistido en asustar al personal, especialmente en Cataluña donde muchos de quienes se solían abstener en las elecciones generales ahora han ido a votar a favor de ERC –ese partido «dialogante»–, aunque «no hay mal que por bien no venga», pues ese éxito electoral ha matado políticamente al fugado en Bélgica, quien la noche del domingo tuvo, esta vez sí, su particular Waterloo.

A la vista de los resultados y del éxito del PSOE, lo más lógico, estabilizador y socialmente rentable sería un Gobierno de coalición PSOE+Cs, que contaría en el Congreso con 180 diputados, pero tal combinación va a resultar imposible. ¿Por qué? Porque los egos y el sectarismo son entre nosotros más importantes que la razón de Estado. Quedó claro la noche del domingo, cuando en la calle Ferraz los forofos del sanchismo gritaban: «¡Con Rivera no!».

Pero es que Rivera tampoco quiere pactar con el PSOE. Le preocupa más robarle la cartera al PP en lugar de formar un Gobierno estable que saque del terreno de juego a los nacionalistas, siempre dispuestos a obtener tajada de los gobiernos débiles e inestables.