La cuarta semana fue de mal en peor para las defensas con la aparición la tarde del jueves de un auténtico testigo de cargo en la figura del exjefe de Información de los Mossos, Manuel Castellví. Su importancia radica en que para que hubiera condena por rebelión sería suficiente, según la tesis de la Fiscalía y de algunas resoluciones del propio Tribunal Supremo, con que los acusados aceptasen la hipótesis de un escenario de violencia para alcanzar la secesión.

Pues bien, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Joaquim Forn fueron advertidos por los responsables de la policía autonómica de que la celebración del referéndum entrañaba el riesgo de una "escalada violenta, con brotes importantes de enfrentamiento", y les aconsejaron suspenderlo. Pero el expresident desestimó hacerlo alegando su deber de cumplir el "mandato del pueblo". Si el tribunal presidido por Manuel Marchena mantuviera esa interpretación sobre la violencia, lo que relató Castellví se convertiría en una de las pruebas por ahora más decisivas, según algunos prestigiosos penalistas, para la acusación por rebelión.

La reacción inmediata del independentismo fue llamarle desde "bocazas" hasta "topo" del españolismo. Mucha presión es la que ha debido sentir Castellví todo el fin de semana antes de volver este lunes al Supremo para someterse al turno de las defensas, ansiosas de poder matizar e incluso corregir su relato. Si el jueves vimos a un testigo nervioso y vacilante, esta vez respondió con monosílabos y frases cortas al breve interrogatorio de los abogados como si tuviera muy claro lo que tenía que responder.

A preguntas de Javier Melero, letrado de Joaquim Forn, ha precisado que la previsión de los Mossos en cuanto a la violencia durante el 1-O falló ("fue errónea"). Pero Castellví no solo se ha enmendado sino también contradicho en relación a lo declarado el otro día cuando ahora afirma que poco antes del referéndum "no se preveían actos de violencia" sino de "gente haciendo resistencia pasiva".

Si figuras mediáticas del separatismo como Pilar Rahola acusaron a Castellví de hablar más de la cuenta, eso es lo que ha evitado hacer Emili Quevedo, el otro comisario que formaba parte del mando de los Mossos, que visiblemente ha callado o maquillado muchas cosas.

A estas alturas se dibuja una estrategia defensiva que pasa por salvar a la policía autonómica, negando interferencias políticas y reivindicando el cumplimiento del auto judicial, descargando toda la culpa en el huido Puigdemont y suavizando la responsabilidad de los acusados que se sientan en el Supremo.