Las decenas de testigos de las defensas que han desfilado ante el Supremo, y con los que se pone fin a la fase testifical del juicio, no solo han sido de escasa utilidad para la estrategia de los acusados, sino que su versión de los hechos va a ser poco creíble para el tribunal. Resulta chocante que ninguno de ellos pudiera identificar quién abrió su colegio electoral el 1-O, ni viera cómo se introdujeron las urnas y papeletas, que siempre se colaron por otra puerta. Sorprende tanta ignorancia porque todos se personaron en los centros de votación horas antes de su apertura.

Si hemos de creerlos, la jornada se autoorganizó de forma tan misteriosa como festiva. A la Policía Nacional y la Guardia Civil se la insultó y amenazó solo lo "normal", llegó a decir un testigo. Y la violencia, claro está, vino siempre del otro lado. La mayoría lució alguna modalidad de lazo amarillo junto al más variado merchandising de camisetas, relojes, pañuelos o pulseras del mismo color. Muchos eran cargos políticos, sobre todo alcaldes y concejales de los partidos separatistas, pero también había trabajadores públicos, principalmente maestros, y un tercio del total eran jubilados.

Al cabo de tres meses, el juicio está siendo un fracaso para las defensas, también con sus testigos porque ha habido mucho fuego amigo sobre algunos acusados. Sucedió cuando el abogado del exconsejero de Interior citó al jefe de los antidisturbios de los Mossos. Se trataba de que negara cualquier injerencia política en su labor el 20 de septiembre delante de la sede de Economía. Pero en su relato de los hechos abrió un boquete en la defensa de Jordi Sànchez.

Declaró que no pudo llegar a la puerta de la Consejería para liberar a la comitiva judicial y la Guardia Civil a causa de la actitud hostil de la multitud congregada. También relató que el expresidente de la ANC se comportó de forma "altiva y prepotente", exigiendo a los antidisturbios que se largaran y exhibiendo su relación privilegiada con Forn y Puigdemont.

Otro caso llamativo lo protagonizó Ramón Font, portavoz del sindicato mayoritario de enseñanza, Ustec, que respondió con un "por supuesto" a la pregunta de si las ocupaciones lúdicas de las escuelas antes del 1-O obedecían al deseo de facilitar el referéndum ilegal. Sin darse cuenta, echó abajo la versión de las defensas.

Los procesados no han tenido un solo día bueno porque demasiadas veces el fuego amigo ha reforzado las pruebas de las acusaciones. Los duros rifirrafes de esta semana con Manuel Marchena indican que algunas defensas ya solo piensan en Estrasburgo.