La legislatura empezaba a apuntar bien para el PP. Tenía encarrilados sus primeros Presupuestos y el molesto foco público no estaba en el partido ni en el Gobierno, sino en las interminables primarias del PSOE y en las purgas de Podemos. Pero en apenas diez días el armazón se tambalea. Si cuando tienes un caso de corrupción del que sospechas hace años solo se te ocurre girar la cara y, salvo en el caso de Cifuentes, no ir directamente a la Justicia, además de perder la credibilidad, vives en territorio minado. Porque el escándalo sobre Ignacio González es aún más que millones presuntamente robados por un cargo público. Quedan muchas horas de grabación por salir, y por tanto demasiadas incertidumbres. Parece que lo conocido no afectará a la aprobación de los Presupuestos, pero el viacrucis del PP en el Congreso por la corrupción se reactiva y alarga. Y ya no acabará hasta las elecciones.

ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Arsenio Escolar: Un sumario lleno de bombas

Victoria Luna: Nada nuevo bajo el sol

Carmelo Encinas: Ilusionismo político

Pablo Segarra: Misil de Iglesias contra el PSOE la pocilga del PP

Alfredo Menéndez: Emoción (poca) de censura