Sánchez lleva desde que ganó las elecciones esperando en la Moncloa a que vuelvan a investirle, sin poder impulsar nada relevante para la ciudadanía. Los presupuestos que gestiona aún son los de la era Rajoy. Está tan limitado, que ni tiene competencias para reemplazar a quienes le dimiten.

Pensar que España puede seguir así hasta septiembre sin resentirse es ser demasiado optimista. Ni siquiera Sánchez se lo cree.