Las campañas electorales venden esperanza. Los candidatos prometen cambio, que tu voto les va a permitir dar la vuelta a muchas cosas que van mal. En la campaña de 2015, una de esas cosas que iban a mejorar era el acceso a la vivienda.

Pero los datos dan otra visión: la misma habitación que en Madrid o Barcelona se alquilaba por unos 280 euros, ahora cuesta más de 400. En París pasó igual, pero su alcaldesa tomó medidas, como llevar a Airbnb a los tribunales. ¿Y en España, qué hacen? Nada efectivo.