Cifuentes cuenta que se acatarró el día que se supo que nunca se había examinado del máster con el que había adornado su currículum. Esa primera noche, Cifuentes mandó a todos los españoles un vídeo desde su casa diciendo que, pese a todo, se sentía muy fuerte.

Ahora, otro vídeo ha convertido ese catarro en neumonía y el efecto ha sido fulminante: dimisión.En apenas tres horas, la líder que había aguantado durante más de un mes el escándalo del máster con tensión pero sin perder públicamente la sonrisa, ha caído.

Ella se resistía, pero hace ya semanas que para el PP la dimisión de Cifuentes era algo descontado, pendiente solo de que ella cediese y se pactase la fecha. En el PP querían que lo dejase antes de los actos del 2 de mayo. Como ha reconocido la propia Cifuentes, su intención era aguantar hasta ese mismo día y haber anunciado su dimisión en el discurso central del acto. El pulso lo ha ganado el partido, aunque seguramente que no le ha gustado de qué forma. Y en realidad han perdido ambos. Cifuentes se podía haber ahorrado este último desgaste y el PP, sin alternativas reales de cambio en la Comunidad de Madrid, se queda con escaso margen para articular su plan de sustitución.

Ahora, una vez hundida políticamente la que sigue siendo presidenta del PP-Madrid, el reto de ese partido es frenar la sangría electoral que tienen abierta.

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