A ver cuándo se le rompe el coche a Carlos Sainz, decían algunos cuando empezaste este Dakar el pasado 6 de enero. Incluso lo seguían diciendo cuando todos tus rivales desfallecieron y te quedaste solo al frente del rally en la edición más dura de toda su historia.

¡Qué difícil es desprenderse de los tópicos! Pero, una vez más, has demostrado que la mala fortuna es algo que no va contigo, porque a los 55 años, en un alarde de juventud, has vuelto a ganar el Dakar pilotando como en tus mejores tiempos. Ya lo hiciste en 2010, aunque alguno parece que lo había olvidado. Esta vez lo has ganado, además, con una enorme ventaja y esquivando los infortunios que han noqueado a tus rivales. Loeb se la pegó en un accidente, Al-Attiyah se quedó clavado en una duna, Peterhansel sufrió una avería... y tú, en cambio, saliste ileso de todos los percances. Y no precisamente porque no los hayas tenido.

A lo largo de este Dakar has sufrido varios pinchazos, problemas con la caja de cambios, llegaste a volcar con el coche, tu copiloto enfermó y sufrió vómitos durante una etapa completa y, por si eso fuera poco, un chiflado millonario holandés intentó que te sancionaran porque se asustó un poco cuando le adelantaste. Igual no se enteró de que el Dakar es, por encima de todo, una carrera, una competición de motor donde pilotos profesionales conducen al máximo para intentar llegar primeros a la meta; no es, en ningún caso, una excursión para que ricos empresarios desconecten de su día a día y hagan un poco de turismo exótico.

Un chiflado millonario holandés intentó que te sancionaran porque se asustó un poco cuando le adelantaste

Pero, lo dicho, ninguno de esos contratiempos ha podido doblegar al 'gafe' Sainz, el de la mala suerte, el que nunca gana nada pero que ya es bicampeón del Dakar como también fue bicampeón mundial de rallies. Un palmarés extraordinario que te convierte, seguramente, en el piloto de automovilismo más laureado de la historia del deporte español. ¡Maldita sea la mala suerte! Pero más allá de tus títulos, han pasado ya casi 40 años desde que disputaste tu primer rally en 1980, con 18 añitos y un Renault 5 en tus manos.

Casi cuatro décadas en las que has pilotando siempre a fondo por carreteras sinuosas, caminos pedregosos y cualquier tipo de terreno que se te haya puesto por delante. Y has conseguido salir siempre ileso, o casi, de espectaculares accidentes que quitan el hipo, como el del Rally de Australia de 1991 en el que diste 20 vueltas de campana, o el del año pasado en el Dakar, cuando caíste con el coche por un barranco. Salir siempre ileso de esos accidentes, eso sí que es suerte y lo demás son tonterías.