Admirada Meryl:    

Gracias. Tu discurso tras recibir el premio honorífico a tu carrera en los Globos de Oro fue una sucesión de bofetones que hacían falta. No de esos que se dan con la mano. De los que se dan con la palabra. No de los que se reciben en la cara. De los que se reciben en la conciencia. Estabas afónica, y aun así hablaste con una voz clara que destacó entre el ruido distorsionado de la pompa y el brillo de Hollywood. Hiciste tres cosas geniales. En primer lugar, dejar claro que cualquier sociedad es hoy en día una mezcolanza de procedencias y orígenes y que en este siglo estar en el lado de los marginados o de los denigrados puede llegar a ser como para sentirse orgulloso. Por otro lado, recordaste que "necesitamos que la prensa exija explicaciones al poder, que llamen la atención, que se indignen".

A veces los periodistas dejamos de quejarnos, de denunciar, de exigir, de incomodar... 

Gracias. A veces a los periodistas se nos pasa hacer nuestro trabajo, con un ojo puesto en la cuenta de resultados de nuestro medio, en si tendremos empleo o no, en cuántos lectores tenemos, cuántas visitas, cuántos comentarios en redes. A veces dejamos de quejarnos, de denunciar, de exigir, de incomodar… ese tiempo lo pasamos en ocasiones hablando del vestido de una presentadora. Por último, Meryl, perdóname si te tuteo, hiciste nuestro trabajo. Tú, que eres actriz, que vives de hacer ficción, levantaste la antorcha sobre una de las realidades más preocupantes: Donald Trump y su cultura del ‘porque puedo’. Trump se burló el año pasado durante un mitin de Serge Kovaleski, un periodista con discapacidad que trabajaba para The New York Times. Lo hizo imitando las manos contraídas que provoca el síndrome de artrogriposis. "Buscaba humillar y provenía de alguien poderoso" y eso "da permiso a los demás para hacer lo mismo", hiciste ver. "La falta de respeto provoca más falta de respeto. La violencia invita a la violencia", recordaste. Así es.

Una alegoría de Trump bien podría ser un dibujo de la empatía siendo apuñalada. Pero, eh, el presidente tristemente electo de EE UU te ha respondido. Ha dedicado nada menos que tres tuits a hacerlo. Eso es que le ha escocido, Meryl, bien hecho. Para Trump eso es casi como escribir un ensayo. Dice Donald que eres "una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood". Él es uno de los presidentes menos valorados. Al menos por cualquiera con sentido común. También dice que no, que nunca se burló de un discapacitado. Ese es el problema de Trump: piensa que todo el mundo es imbécil. Quizá sea por eso que decías al principio: no le hemos pedido explicaciones. No las suficientes.

Atentamente, un periodista extranjero. Isra Álvarez