Querida Marta:

Una de las cosas que más recuerdo de mi infancia –seguro que tú también te acuerdas– es una campaña turística que decía "Spain is different!". Nunca jamás se dijo una verdad mayor. Y así como en cualquier país del mundo cantarle a tu país está bien visto, aquí nos rechina como un tenedor rascando un plato.

La carta es para ti, pero perdóname un apunte biográfico más: una profesora de la universidad me dijo una vez: "Vuestro título vale lo que valga el prestigio de vuestra universidad". Criticar lo propio a voces y no mover un dedo para cambiarlo es lo contrario de lo que se debe hacer, que es trabajar y ser coherente para cambiar lo que está mal de puertas para adentro y defenderlo de puertas para afuera. Y aquí somos más de "¡Esto está mal! ¿Y quién va a cambiarlo? Paco, que viene luego".

Ay, Marta. Te dio por ponerle letra al himno de España. ¿Cómo se te ocurre, si aquí no nos ponemos de acuerdo ni en cómo tomar café? Es bien cierto que te viniste un poco arriba con lo de la letra, que has dejado Suspiros de España que parece una canción de Cantajuegos; pero en lo de cantar el himno o echar de menos España, siéntete siempre libre. Solo eres una española más que estando lejos echa de menos ese cúmulo maravilloso de contradicciones que es nuestro país. Cualquiera de los que te han criticado ahora, Marta, echaría de menos esto si viviera fuera. Porque hay países mejores, de los que deberíamos aprender mucho. Hay países peores, de los que deberíamos aprender más. Y ahí está España, ni Europa ni África, un poco Europa y un poco África.

A los fascistas (a los de verdad, no a los de ahora, que es cualquiera que no piense como el que espeta el calificativo) se les puede condenar y reprochar por millares de crímenes y tropelías. Uno de ellos es el de haber fagocitado y llenado de babas los símbolos que podrían haber representado la unidad. La historia común. Las pequeñas miserias y grandezas que nos podrían hacer sentirnos iguales. Perdona, que me pongo intenso.

En cualquier caso, si yo fuera tú, no me preocuparía por las críticas de los repelentes antitodo, ni por los memes (algunos geniales, reconócelo), ni por el debate creado. Si yo fuera tú, me preocuparía por el tuit de apoyo de Mariano Rajoy. El señor presidente es como una máquina de imputar. Mensaje que manda, imputado que crea. Que Rajoy te apoye va a acabar siendo incluido en el Código Penal como prueba inculpatoria válida.

Atentamente, un ciudadano.