Soy gay, y también soy otras cosas

ISASAWEIS. ESCRITORA Y BLOGGEROPINIÓN
La escritora y bloguera Isasaweis, en la redacción de 20minutos.
La escritora y bloguera Isasaweis, en la redacción de 20minutos.
JORGE PARÍS

No me gusta sustantivar los adjetivos dirigidos a las personas. Procuro no utilizar este recurso del lenguaje y me rechina cuando alguien lo hace.

Nunca me ha gustado hablar de alguien refiriéndome a él como el gordo, el delgado, el guapo, el listo,... Sencillamente porque pienso que una persona es mucho más que una de sus múltiples características, y referirse a ella de ese modo es cuando menos, pobre.

Estos días, con motivo del día del orgullo, hemos oído en los medios continuamente: los gays, el colectivo homosexual o el colectivo gay. Y cada vez que se mentaba yo pensaba: los gays abogados, ingenieros, profesores, mecánicos... gordos, delgados, altos, morenos,... hermanos, primos, hijos, sobrinos... simpáticos, agradables, bordes, huraños,.... Pero no. Simplemente son los gays.

Es cierto que precisamente en estas fechas con motivo de su día, se puede entender la referencia, pero no he podido evitar pensarlo, y me sirve para traer el tema.

Porque ser gay es de esos adjetivos que marcan. Cuando eres gay, parece ser que hay para quien eso lo eclipsa todo. Ya puedes ser un gran deportista o un perfecto profesional, que serás el futbolista o el árbitro gay. Ya puedes tener un gran chorro de voz o una perfectamente modulada, que serás el cantante o la presentadora gay. Ya puedes ser el mejor de los amigos, que serás el amigo gay. El hermano gay, el primo gay, el frutero gay, el reportero gay... el manifestante del colectivo gay.

Qué cristal tras el que mirar tan obsoleto ya. Qué injusticia que la forma de amar siga siendo juzgada. Amor es amor. Y ojalá lo practicáramos más y dedicáramos menos tiempo a etiquetar a quienes lo hacen. Y qué impotencia que esto sea ya un discurso tan manido...

Ojalá no tuviéramos que tener un día del orgullo LGBT, donde lesbianas, gays, bisexuales y transexuales salgan a manifestarse por sus derechos. Ojalá los derechos no distinguieran entre formas de amar, y de hacerlo, que fuera sobre calidad y cantidad, y no sobre a quién se ama.

Me hace mucha gracia (en realidad ninguna) cuando alguien se vanagloria de llevarse muy bien con los gays y además argumenta su discurso con un "yo tengo muchos amigos gays". Me apetece contestar "¿y qué tal te llevas con los heterosexuales?". Pero claro, a los heterosexuales nadie nos ve como a un colectivo. Nosotros sí podemos ser otras cosas porque amamos como hay que hacerlo. Así que ya podemos ser escritores, cajeros, programadores o enfermeros, majos, divertidos, estúpidos o aburridos, rubios, pelirrojos, peludos o imberbes. Somos personas normales y nuestra condición sexual solo es una característica más.

Me crispa. Me crispa a mí que no soy gay. Y que soy ingeniera, madre, asturiana, morena...

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