El verano pasado hice el Camino de Santiago. Os conté parte en mis redes sociales, publiqué fotos, escribí historias... Y todo ello hizo que me pidierais que grabara un vídeo para contaros.

Todo lo que allí se aprende deberíamos trasladarlo después a nuestra vida

Os he hecho esperar porque no tenía claro en mi cabeza la forma de hacerlo. Quería hacerlo bien porque el Camino de Santiago se merecía que lo hiciera bien, y por fin los he grabado. Han sido dos vídeos prácticos donde explico todo lo que hay que saber, para quien quiera hacerlo pero no tenga interés en saber cómo lo viví yo. Y un tercer vídeo, más emocional, donde os cuento mi experiencia.

Gracias. Gracias por cada comentario que me habéis dejado.

Los vídeos prácticos parece que salieron muy bien. Os ha quedado todo muy claro y estáis listos y animados a emprender el viaje, así que estoy muy contenta con el resultado.

El tercer vídeo, el de la parte emocional, lo publiqué la semana pasada. Qué deciros... Ha sido tan especial hacer el Camino como grabarlo, como ver vuestra reacción. Al final del vídeo, comparto algo muy especial, nuestra entrada en Santiago riendo y llorando a la vez. Mi amiga lo grabó con el móvil y lo incluí porque refleja en pocos segundos lo que se siente en el Camino de Santiago. Lo que os he hecho llorar y vosotros a mí...

Os voy a contar algo. Cuando estaba terminando de editarlo, recordé esa frase que incluyo que dice "El Camino comienza al llegar a Santiago", indicando que todo lo que allí se aprende deberíamos trasladarlo después a nuestra vida. Y mientras la escribía, me quedé pensando si realmente yo lo había hecho, si había traído el Camino a mi vida...

¿Y qué es traer el Camino a mi vida? Hay respeto, complicidad, cariño y empatía. Y no hay prejuicios, vergüenza...

El Camino de Santiago te da muchas lecciones. Te enseña que se puede ser muy feliz con muy poco. Todo lo que necesitas lo llevas colgado a tu espalda, cuatro cosas básicas, y lo único que te preocupa cada día es que no se te acabe el agua y tener un techo para esa noche.

Conoces a infinidad de personas y te da igual su edad, su sexo, su procedencia, su ropa, su cultura o su trabajo. Te relacionas con todos, compartes tu vida, tus experiencias, tus sueños y hasta tus miedos. Hablas y escuchas. Escuchas a todo el mundo. Aportas lo que puedes y aprendes de cada uno.

Partes tu bocadillo para darle un trozo a un extraño y coges agradecido lo que él te ofrece. Duermes en habitaciones con 50 personas y esperas encantado tu turno para ducharte.

En el Camino de Santiago hay respeto, complicidad, cariño y empatía. Y no hay prejuicios, vergüenza, envidias ni malos deseos.

Y todos los que allí estamos no tenemos nada, nos preocupamos por los demás y sentimos plena felicidad.

Ahora sé que yo ya tenía el Camino en mi vida, pero he tenido que ir allí y hacerlo para darme cuenta.

Creo que todos estamos juntos en el Camino, y yo de corazón, os deseo "buen Camino, peregrinos".