Irán, Israel, Altos del Golán, Líbano… Para mucha gente, se trata de países lejanos, no geográfica sino informativamente. Quizá muchos crean que no nos incumbe lo que allí suceda. No es así.

La ruptura por parte de Donald Trump del acuerdo nuclear con Irán tiene consecuencias sobre nuestras vidas. Se trata del tercer acuerdo internacional que incumple, tras el del Clima de París y el Transpacífico.

¿Qué significa? Entre otras cosas, una muy trascendente: que Estados Unidos ha dejado de ser un aliado fiable. En Europa, hemos estado protegidos por el paraguas de la Alianza Atlántica, así como por el deseo americano de actuar como gendarme mundial —con excesos incluidos—.

Que Trump desista del liderazgo en cuestiones de seguridad nos obliga a pensar cómo nos defenderemos en el futuro. El presidente francés y la canciller alemana parecen estar de acuerdo: Europa debe protegerse por sí misma. En el fondo, eso es lo que significa hacerse adulto: saber que no vendrán unas personas más fuertes que tú para evitarte cualquier daño, sino que debes hacerlo tú. En colaboración con tus vecinos. Es una pérdida, pero también una oportunidad, y los líderes europeos parecen verla como tal.

No hay una defensa eficaz sin una política exterior sólida. Los acontecimientos en EE UU dejan obsoleta la Estrategia diseñada por Federica Mogherini, porque el mundo es muy distinto del que era en 2016. La tensión creciente en Oriente Próximo, los enfrentamientos de estos días entre Israel e Irán, y el riesgo de que Líbano se vea afectado, con los millones de refugiados sirios que alberga, convierten en urgentes las acciones de la UE para avanzar hacia una mayor unión. O sea, hacia una auténtica comunidad de vecinos.