No atajemos de camino a Galapagar. No es criticable la casa que se compre un cargo público: se trata de una cuestión personal. Ahora bien, los marxistas sostienen que "el ser determina la conciencia", o sea, que nuestras condiciones materiales de vida determinan nuestra visión política del mundo.

Quienes critican a la gente de izquierdas por vivir bien suelen aplicar este principio marxista de forma ventajista. Abundan los ejemplos de individuos cuyas ideas en absoluto fueron determinadas por su vida. Kropotkin nació en una distinguida familia noble, con centenares de siervos, lo que no le impidió convertirse en el padre del anarquismo ruso. Orwell se educó en Eton y fue policía imperial en Birmania, pero toda su vida defendió a los obreros, aunque antes pasó por París y Londres sin blanca.

Lo complicado es ser determinista solo algunos días. Los líderes de Podemos situaron muchas de sus críticas a la "casta" en el plano moral, y no el político. Afirmaban representar al verdadero pueblo y hablar en su nombre. Para no correr riesgos, limitaron los sueldos de sus cargos públicos, persuadidos de que no puedes defender al pueblo si cobras como la élite. La idea apela a la identidad y resulta claramente falaz: desde Condorcet ha habido hombres libres que han defendido a los esclavos y varones que han apoyado a las mujeres.

Defenderse con el argumento de que has comprado tu casa no para especular, sino para vivir —como hacemos la mayoría—, equivale a insistir en ese vínculo de identificación con el pueblo en el mismo momento en que este se rompe. Sería mejor aceptar que se equivocaron, que han dejado de ser marxistas, al contrario que la gente de derechas que los critica.