Oí decir, Pedro, que te habían matado, y me sobresalté. Como miro la política de lejos, había olvidado la tendencia a la hipérbole de los cronistas. De cadáver a cadáver, me alegro de que estés bien.

Te diré que aquí no se vive mal. La política es cruel: expulsa a mucha gente honesta y tritura el sentido del humor. Ya sé que con él no se gobierna un país, pero sin él no se soporta la vida. Estar muerto puede llegar a ser muy divertido, créeme. Saca uno tiempo para leer a Marco Aurelio y saborear unas lentejas.

En política hay gente que no muere nunca –¿qué te voy a contar?–, y gente que está muerta toda la vida: son los que nunca eligen y se limitan a ejecutar los planes de otros. No es exclusivo de la política, todos hemos tenido un padre que quería que fuésemos médicos o funcionarios de prisiones. Pero vivir es elegir, y si uno no le lleva la contraria a su padre, acaba custodiándose en su propia cárcel. Lo más importante de morirse –y yo he pasado por eso– es la certeza de haber hecho lo correcto. Esta pelea no trataba de ti, y tú eras consciente. Ni siquiera de si el PSOE vira a la izquierda o a la derecha. Lo que estaba en juego era la autonomía de tu partido –por cierto, no sé si te lo llegué a decir, también el de mi abuelo y el de mi bisabuelo– mediante las decisiones que toman sus militantes. Muchos ciudadanos han llegado a creer que la ha perdido, y por eso han votado a otros, de manera que el resultado electoral se relaciona estrechamente con esa autonomía. Al defender la tuya, estabas defendiendo la del socialismo español. Nadie es del todo independiente, pero al menos debe tener la libertad de elegir sus dependencias. Por eso, también había que pensar cómo se va a relacionar el PSOE con el PP y con Podemos en esta nueva época. Esos nudos siguen ahí tras tu marcha y, siendo el PSOE un pilar imprescindible para la estabilidad de España, me quedo preocupada: son ya demasiadas las malas señales que emite nuestro país.

Por ti estoy tranquila. Leerás a Marco Aurelio cuando dice "en todo suceso que te induzca a la aflicción, acuérdate: no es eso un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad". Lo has hecho y disfrutarás de las lentejas.

Afectuosamente,

Irene Lozano

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