Queridos hombres,

Si digo “hombres” os veo por millones, con una flor o una pistola; os veo admirables, mediocres y despreciables; os veo intensos e inertes, queriendo y sin querer. Os veo de uno en uno. Parece obvio, pero a nosotras no nos sucede. Resulta difícil haceros comprender cuánto nos agota a las mujeres representar a nuestro género. Ser vista como un individuo significa que te reconozcan en tu libertad: la de elegir la profesión de paracaidista, el viaje a Estambul y la ensalada como guarnición. A vosotros el ser individuos se os supone. Nosotras, en cambio, somos más veces “la mujer” que “una mujer”. Y os lo digo: es una pesadez.

Imaginaos en nuestra piel por un momento. Mariano Rajoy dijo ayer que no va a hacer huelga el 8 de marzo, porque aporta más trabajando. ¿Y si os colocaran a todos los hombres en esa planicie mental? (por cierto, si Rajoy hiciera huelga no se notaría…). A generalizaciones de esa índole nos enfrentamos nosotras todos los días. Cuantas menos mujeres hay -en los cargos directivos de una empresa, en la política o en los medios- más probable resulta que las presentes sean tomadas por representantes de su género. Esto sólo ahonda los estereotipos y, por tanto, perpetúa la desigualdad.

A mí de esta huelga me sobra la cosa “anticapitalista” y me hubiera parecido mucho más inteligente poner el acento en las reivindicaciones comunes a todas las mujeres y limar las desavenencias. Salvadas las imperfecciones, una huelga como ésta, que no es de clase ni de gremio, sino de identidad, ayuda a que se vea que sin nosotras el mundo no funciona. Ahí es ná. Los inmigrantes en Estados Unidos han llevado a cabo movilizaciones semejantes y han servido para que se comprenda en un día lo que gente como Trump no verá en una vida. Algunos amigos varones me contáis que queréis apoyar, pero la idea es que se note lo que hacemos las mujeres. El resto del año prevalece la perogrullada: los sujetos de la lucha de las mujeres deben ser todos los que luchen por las mujeres. En todo caso, os podéis sumar con un esfuerzo singular: renunciando ese día al privilegio de ser individuos. Sé que es casi metafísico, pero imaginad que todo lo que hacéis y decís se atribuye a todos los hombres, se utiliza, como nos ocurre, para seguir generalizando, estereotipando, presionando a cada mujer que quiere solamente ser ella… Sentirse así por unas horas sería un hermoso gesto de empatía.

Irene Lozano