Querido creyente, donde quiera que estés, crees. Tal vez te encontraras ayer en una de las colas de votación con tu papeleta de un candidato secesionista; quizá tengas hoy la radio puesta y tus décimos de lotería extendidos sobre la mesa; cabe incluso que te dispongas a celebrar pasado mañana el nacimiento del hijo de Dios. El contexto importa poco, ni siquiera la creencia en sí resulta fundamental. La clave reside en la disposición.

Todos creemos, no creas. Los humanos venimos de fábrica con ganas de hacerlo. La evolución nos ha dejado diseñados para extraer conclusiones de la realidad aun con poca información, sobre todo para dar una explicación a asuntos que parecen no tenerla. Es probable que esto nos haya salvado como especie. Lo grave de estos tiempos es que tenemos más información que nunca. De hecho el abrumador fenómeno llamado ‘sobrecarga de información’ consiste que nuestro cerebro no puede procesar, ni remotamente, una ínfima parte de los datos existentes en el mundo. Quizá por eso nos estemos haciendo más creyentes: a falta de comprensión, fe.

Todos creemos, pero hay grados. Por citar una minucia: sabes que Junqueras no va a salir de la cárcel con tu voto, pero te dicen que sí, y lo crees como creíste que las empresas no se iban a marchar de Cataluña. Se han marchado, pero crees. Otro caso ínfimo: sabes que la posibilidad de que te toque el Gordo de la lotería es una entre 100.000. Como si llenaras tu casa de pelotas de ping-pong blancas y una roja, y a continuación metieras la mano esperando coger la roja… Pero crees. Entrando en palabras mayores, y agnóstica como soy, no me atrevo a afirmar con rotundidad que no haya Dios. Pero si existe espero, como Woody Allen, que tenga una buena excusa. Con todo, lo que vas a celebrar es que nació el hijo de dos mortales entre los que no hubo contacto carnal… Eso contradice toda la evidencia científica, pero crees.

Todos creemos, no creas. Los humanos venimos de fábrica con ganas de hacerlo. Pero hay grados

Yo misma también creo en algo invisible a los ojos últimamente: el debate razonado como palanca del avance de las sociedades. Por eso sigo oponiendo argumentos a los independentistas. Los del Gordo no hacen daño y en cuanto a la religión organizada… Ayer murió el cardenal Bernard Law, que encubrió durante décadas a numerosos curas pederastas en Boston. Lo demostró una investigación periodística que el Vaticano no creyó. A menudo creer lo imposible impide aceptar la realidad fehaciente.

Te saluda de buena fe, Irene Lozano