Acaso alguien piensa que la igualdad real existe en la Unión Europea? Podríamos reconocer que es una de las prioridades sobre el papel, en los tratados, en las directivas, en los informes que aprobamos en la Eurocámara, pero no en la vida de las más de 250 millones de mujeres que vivimos en territorio europeo.

Cada día, siete mujeres son asesinadas en la UE por su pareja o expareja, y una de cada tres reconoce que ha sufrido violencia física. Mujeres con nombre y apellidos, con historias dramáticas a sus espaldas y muchas veces dejando hijos e hijas que arrastrarán en sus vidas una historia cruel.

Según el Eurobarómetro especial publicado en noviembre de 2016, tres de cada cuatro personas encuestadas creen que la violencia contra las mujeres es una realidad habitual en sus países. El coste humano de la violencia de género es incontable, pero el gasto público sí se puede cuantificar: anualmente, la violencia contra las mujeres cuesta a las arcas públicas un total de 225 billones de euros en la Unión Europea.

Si nos fijamos en el ámbito laboral, el escenario tampoco es alentador y las desigualdades también marcan el día a día de las trabajadoras europeas. La tasa de empleo masculino en edades comprendidas entre los 20 y 64 años fue del 77,4% en 2016, mientras que la femenina se situaba en el 65,5%. Unos datos que contrastan con los relativos a la formación, que señalan que el 44% de las jóvenes ha completado la educación terciaria frente al 34% de los chicos.

La brecha salarial europea era del 16,2 según el Eurobarómetro de 2016. Contándolo de otra manera, el sueldo medio mensual en la UE de los hombres asciende a 2.654 euros, mientras que el de las mujeres se sitúa en 1.869 euros. En el caso de las pensiones, la brecha asciende al 40%.

Todavía pareciera que los contratos a tiempo parcial tienen nombre de mujer porque solo de esa manera podríamos compaginarlos con el cuidado de nuestros niños y niñas o padres y madres.

Los porcentajes que reflejan esta desigualdad aumentan cuando analizamos la presencia de mujeres en puestos de liderazgos y en la toma de decisiones. Y a pesar de esto, aún escuchamos a dirigentes políticos de la derecha considerando la brecha salarial como algo relacionado con el déficit formativo de las mujeres. En la Unión Europea, solo el 25,3% de las personas con un puesto en las presidencias, en los consejos de administración y en la representación de los trabajadores/as en las empresas son mujeres.

También sentimos desolación cuando ponemos la lupa en el ámbito de la política europea, donde solo el 10,7% son presidentas o primeras ministras. Asimismo, las mujeres representan únicamente el 29,3% de las presidencias y escaños de los Parlamentos de los Estados miembros, según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género.

Pero mientras que en la política la participación femenina se ha ido incrementando lenta pero progresivamente, gracias a medidas de acción positiva como las listas cremalleras o paritarias, siempre impulsadas desde la izquierda, en otros campos como la investigación, la ciencia, la tecnología o las matemáticas la infrarrepresentación de mujeres es escandalosa.

Datos y más datos que han llevado al Parlamento Europeo a afirmar que si no se producen cambios significativos, necesitaremos 70 años más para alcanzar la equiparación de salarios, 40 años para lograr un reparto equitativo de las tareas domésticas, 30 años para llegar a una tasa de ocupación del 70% y 20 años para alcanzar el equilibrio de género en política.

¿Necesitamos más razones para parar el 8 de marzo?

El 8 de marzo vamos a parar porque los asesinatos constantes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas son insoportables; porque no podemos tolerar que estemos igual o más preparadas y ganemos menos o engrosemos en mayor medida las listas del paro; porque somos más de la mitad de la población y ellos nos siguen representando mayoritariamente y decidiendo por nosotras... Porque no estamos dispuestas a esperar 70 años más.

Nos sobran razones.