World Pride Madrid: orgullo de ciudad, orgullo de país

ÍÑIGO ERREJÓN. SECRETARIO DE ANÁLISIS ESTRATÉGICO EN PODEMOS Y DIPUTADO POR MADRID
Errejón, en el Congreso de los Diputados.
Errejón, en el Congreso de los Diputados.
JORGE PARÍS

Hay ciudades que tienen un papel especial en la historia de las luchas por los derechos LGTBI. Desde la Nueva York de los disturbios de Stonewall hasta el Londres de 1985 con los mineros abriendo el desfile del Gay Pride, pasando por la Barcelona que organizó en 1977 la primera manifestación del Orgullo en España con la Ley de Peligrosidad Social todavía vigente.

Mucho se ha avanzado desde entonces. La Ley de Matrimonio Igualitario de 2005 es un buen ejemplo de cómo la combinación del empuje social y cultural con un acompañamiento legislativo valiente es capaz de construir hegemonía, haciendo irreversible una transformación que en su momento se veía casi imposible: quienes entonces se manifestaban indignados desde la oposición hoy ya no se ven capaces de cuestionarlo ni siquiera desde el gobierno. España se ha convertido en una referencia internacional en esta materia y ha de actuar en consecuencia, por eso el pasado 20 de junio el Congreso aprobó, a propuesta de Unidos Podemos, una moción que instaba al Gobierno a poner en marcha una Convención Internacional de Derechos LGTBI: no es admisible que en 72 Estados la homosexualidad siga siendo un delito castigado incluso con la muerte.

Una democracia sana es aquella capaz de ampliar el demos –esto es, de integrar y representar a todas y todos sin ningún tipo de discriminación– y de llevar los principios de igualdad y libertad más allá de sus aspectos formales hasta llegar a todos los ámbitos de la vida cotidiana: también a las escuelas, los clubes deportivos o los espacios de trabajo. Los Ayuntamientos del cambio llevan dos años dando pasos importantes en este sentido, en un firme compromiso por construir ciudades auténticamente abiertas.

Madrid ha sido en los últimos dos años una ciudad orgullosa de su diversidad y decidida a formar parte de esta historia de luchas por los derechos civiles de todas y todos. Nuestro ayuntamiento ha puesto en marcha medidas innovadoras, como las viviendas para mayores LGTBI con pocos recursos, planes de formación para el personal sanitario o una Unidad de Gestión de la Diversidad en la Policía Municipal. Policía que, además, desfilará por primera vez este año en el Orgullo como prueba de que la libertad y la igualdad están arraigando con fuerza también en las comisarías y cuarteles donde en tiempos más tristes se reprimieron. Algo imprescindible cuando solo se denuncia una de cada cuatro agresiones homófobas.

No faltan, pues, razones para que Madrid haya sido escogida este año como sede del World Pride, un evento que festeja y reivindica la memoria de quienes trajeron derechos y libertades a la comunidad LGTBI. Manifestar públicamente nuestras identidades y afectos con orgullo seguirá siendo una necesidad mientras se sigan viviendo situaciones como la del 17 de junio en Murcia, cuando varios participantes en el desfile del Orgullo fueron agredidos por un grupo de neonazis  que habían recibido, incomprensiblemente, autorización para manifestarse ese mismo día.

Tenemos todavía mucho futuro por construir. Un futuro en el que nadie pueda ser violentado por ir de la mano con su pareja o por mostrar su identidad de género, en el que las escuelas no sean espacios donde se humilla, sino donde aprender que somos diversos, que amamos de modos distintos y que todo ello nos hace más fuertes y más libres. Pero tenemos también mucho por celebrar: es un motivo de orgullo patriótico el habernos convertido en uno de los países más avanzados en derechos LGTBI, es un motivo de orgullo como madrileñas y madrileños ser la punta de lanza en la lucha por nuevos derechos para todos y todas. Por eso lo que celebramos en este fin de semana va más allá del Orgullo Mundial. Es orgullo de ciudad. Es orgullo de país.

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