Hace unos meses, Julio Carabaña, uno de los sociólogos más brillantes de nuestro país, publicó Ricos y pobres. El subtitulo era una invitación al debate: Si también se creyó lo de la desigualdad, lea este libro. En este trabajo, Carabaña sostiene tres argumentos muy provocadores: la evolución de la pobreza responde a los ciclos económicos, algo que no ocurre con la desigualdad; lo que realmente ha aumentado es la pobreza; y el aumento de la desigualdad se ha magnificado. Por ello, algunos han venido a concluir que el debate sobre la desigualdad se ha desenfocado, puesto que lo importante es la pobreza. No obstante, admitiendo la rigurosidad del trabajo de Julio Carabaña, sus conclusiones merecen algunas reflexiones más.  

Algunos han venido a concluir que el debate sobre la desigualdad se ha desenfocado

Hace unos días, Pau Mari-Klose ya lanzaba un primer aviso a las tesis de Carabaña. Admitía que lo que no se había alterado de forma brusca era el resultado final de la distribución de la renta. En cambio, lo que sí que había aumentado era "la desigualdad de partida, generada por las relaciones económicas que se producen en el mercado. Lo que se ha hecho más desigual es la distribución de ingresos derivados del empleo asalariado, el autoempleo y las ganancias de capital" (El País, 16-3-2017). Por ello, el esfuerzo de redistribución del Estado del bienestar estaba siendo cada vez mayor, algo que no es baladí.

Admitiendo esta argumentación, creo que hay dos razonamientos más que debemos poner sobre la mesa. En primer lugar, es cierto que hasta la fecha existe una fuerte relación entre la evolución de la economía y las variaciones en la pobreza. Pero, ¿va a ser siempre así? La revolución tecnológica que estamos viviendo puede tener dos consecuencias que podría hacerla excepcional frente a cambios tecnológicos pasados. Por un lado, es posible que estemos ante la primera revolución tecnológica que destruya empleos de forma masiva, algo que podría condenar a la pobreza a mucha gente a pesar del crecimiento económico. Por otro lado, uno de los peligros que tenemos es que las desigualdades presentes se exacerben en el futuro. Por ejemplo, muchas de las enfermedades actuales van a tener curación. Solo una preocupación por la igualdad permitirá que estos avances sanitarios lleguen a todos y los pobres no queden marginados. Uno de los peligros es que las desigualdades presentes se exacerben en el futuro

En segundo lugar, Carabaña quita hierro al aumento de la desigualdad porque los datos muestran que la distribución de la renta actual se asemeja mucho a la de los noventa y es mucho más igualitaria que en los ochenta. Desde luego que es una apreciación subjetiva, pero retroceder 20 años en términos de desigualdad merece nuestra mayor de las preocupaciones.

En definitiva, la desigualdad importa. Cuando analizamos en detalle cómo se produce en España y las expectativas de futuro, vemos que existen numerosos peligros como para considerar que el debate se ha exagerado.