Cada vez preocupa más cómo entienden los jóvenes sus relaciones de pareja. Los datos son deprimentes y algunas declaraciones son para echarse, literalmente, a llorar. La última, la del arzobispo de Burgos, que ha enviado una carta al Vaticano pidiendo la beatificación de una víctima de violación en 1992. Ella se defendió de su agresor y eso le costó la vida.

Lo mismo que a Diana Quer: peleó por zafarse de su asesino, de su violador, del monstruo que se le cruzó aquella noche y eso le costó la vida. Y, según este arzobispo, según sus argumentos, pedir a las víctimas de violación defender la castidad hasta la muerte es loable. Tras la polémica ha querido arreglarlo diciendo que hemos tergiversado sus palabras, pero la carta está ahí, por si le quieren echar un vistazo.

El lunes conocíamos el último barómetro sobre juventud y género realizado por el centro Reina Sofía. Daba muchos datos sobre cómo entienden los jóvenes de entre 15 y 29 años la masculinidad y la feminidad, las relaciones de amistad, de pareja, de familia... Qué actitudes, percepciones o experiencias propias tienen sobre la desigualdad por género y la discriminación entre ellos y ellas. Daba datos que ya hemos escuchado más veces como, por ejemplo, que se siguen repitiendo los roles de ellas más trabajadoras o estudiosas y más enfocadas a trabajos menos técnicos y más asistenciales o sanitarios.

Y, aunque había datos para el optimismo, hay algunos que hacen temer que no avanzamos en cómo concebimos las relaciones de parejas: ellos siguen pensando que el rol de los chicos es proteger a su pareja (es lo que opina un 40,9% de chicos frente al 26,2% de chicas), que tener celos es una prueba de amor (16,7% de chicas frente al 27,1% de chicos) y que, para sentirse realizada, una mujer necesita tener pareja; sí, es lo que afirma casi un 22% de los chicos encuestados. Desolador, ¿no?

Pues ahora viene lo peor, porque tanto ellas como ellos creen que si piensas que tu pareja te está engañando, lo normal es mirar su móvil y espiarle. Buscar no se sabe muy bien qué. Pero vamos, tú miras el móvil, sus mensajes, su WhatsApp, sus llamadas..., evidentemente sin que él o ella se entere. Seis de cada diez encuestados, esto, espiar desde la más absoluta desconfianza, invadir la intimidad de alguien al que en teoría quieres y respetas, lo ven bien. Lo de hablar, preguntar, sentarse a resolver los problemas con diálogo no es una opción. Al menos no para ese alto porcentaje de jóvenes.

Cómo construyen sus relaciones afectivas marca desde luego cómo se desenvolverán en el resto de relaciones personales y laborales en su vida. Marcará su carácter, el respeto hacia su pareja o amigos, hacia sus hijos, si es que los tienen, hacia su intimidad. De todo esto hay que hablar y mucho y no solo en casa.