Pregúntense cuántas veces, en su entorno, ha salido la palabra suicidio. ¿Cuántas veces han hablado abiertamente sobre conocidos, gente del barrio, amigos de amigos, que saben que se quitaron la vida de forma voluntaria? No, seguramente no encontrará muchas situaciones porque evitamos hablar sobre esto. Y no hablamos de ello porque sigue habiendo una especie de estigma social por quien ha decidido quitarse la vida, por quienes estaban cerca de esa persona, por sus familias.

Se juzga, se señala, se culpabiliza. Siempre se busca a alguien al que echar sobre sus hombros esa muerte. Nuestra mente racional, nuestra vida basada en la lógica exige encontrar qué o quién empujó a esa persona a la desesperación de no ver otra salida que la de matarse.

No hablamos de ello y ello genera más desesperación entre quienes están perdidos. No lo digo yo, lo dice la OMS, que ha lanzado una alerta pidiendo ayuda para sacar a la luz un problema del que apenas se habla pero que cada año se cobra la vida de… ¡800 mil personas en todo el mundo!

De hecho, el suicidio es la segunda causa de muerte en personas de entre 15 y 29 años. La OMS habla de un grave problema de salud pública y avisa: los suicidios pueden prevenirse pero para ello, primero, tenemos que tener la valentía de hablar sin tapujos. ¿Cómo se va a prevenir sobre algo que no existe? El tabú y el estigma social de nuevo suponen barreras para quienes necesitan ayuda.

Los problemas mentales son percibidos como una debilidad y eso es algo que es muy difícil de admitir. La OMS cree que todos debemos aportar soluciones: los medios de comunicación, la sociedad y también la industria del cine, por lo que se ha ido a pedir ayuda a Hollywood. Quiere que los guionistas y productores no sean tan explícitos en las escenas donde se muestra cómo se suicida el personaje, que no lo vendan como una situación romántica, que intenten buscar otras salidas que no sea la del suicidio al sufrimiento de los personajes.

La OMS habla de medidas de prevención, como restricción a métodos de suicidio y charlas en las escuelas, imprescindibles para que los adolescentes se abran y hablen sobre lo que les preocupa. Y también nos implica a nosotros, los medios, pidiendo más presencia y un mejor tratamiento de este asunto; y a los profesionales, para una identificación temprana de personas con problemas mentales para poder tratarlas debidamente. Y lo más importante, la especialización de profesionales que atiendan a personas en situación de riesgo. Porque en esto no hay un perfil determinado.

Problemas mentales, problemas de aislamiento social, pero también hay problemas de autoestima, de graves crisis personales o profesionales que no se saben detectar y tratar a tiempo. Asomarte a ese abismo le puede ocurrir a cualquiera. A cualquiera.