Cuando eres madre entiendes de verdad lo que significa tener miedo. Cuando te ponen a tu bebé en brazos la primera vez aprendes lo que es de verdad sufrir y temer por todo: se me caerá, sabré cuidarle, qué hacer cuando tienen cólicos, cuando se cogen su primer resfriado, cuando se caen la primera vez, cuando empiezan su etapa escolar.

Vives permanentemente en un estado de alerta, sobreprotegiéndoles, preocupándote por evitarles situaciones de riesgo. Queriendo prever cualquier imprevisto cuando los imprevistos son precisamente improbables de prever. Pero es así y aprendes a ir soltándolos, poco a poco, con mucha cautela. La primera vez que les dejas bajar a la calle solos, a comprar a la esquina la barra de pan, cuentas los minutos que calculas que debe de tardar y como pasen 30 segundos de más empiezas a asomarte a la ventana, para ver si les ves llegar.

Sí, quieres evitarlo, pero es imposible. Ves mil peligros donde no los hay y crees que ellos viven en ciudades mucho más inseguras que las que crecimos nosotros. Yo recuerdo ir y volver sola del cole desde bien pequeñita con mi hermana y no pasar miedo. Pero esta no es tu ciudad, este no es tu barrio y hay un pequeño detalle que lo cambia todo: antes tú eras la niña y ahora tú eres la madre. Y supongo que seguirá siendo así siempre.

Por eso me sorprende tanto que nos hayamos convertido en unos padres hiperprotectores y, sin embargo, les expongamos así, sin pudor ni filtro, a las redes sociales. Que colguemos infinidad de fotos suyas en cualquier situación. Fotos que ven decenas, cientos o miles de personas –según nuestros perfiles– y que nos importe tan poco.

Creo que no somos conscientes de la incoherencia en la que hemos caído con las redes sociales y con las fotos de nuestros hijos. Exponemos su imagen, su vida, a desconocidos. Contamos su día a día con detalle, sin peguntarles a ellos si les parece bien, si cuando sean adultos estarán de acuerdo con toda esa inmensa huella digital que hemos ido dejando sobre su vida. Yo sería capaz de reconocer por la calle, si me los cruzara, a más de un hijo de personas que no conozco de nada pero que cada día cuelgan una foto de su pequeño o pequeña.

En países como Francia se contemplan multas de hasta 45.000 euros e incluso penas de cárcel para aquellos padres que cuelguen sin el permiso de sus hijos imágenes suyas en redes sociales. Y me parece sensato, la verdad. Luego nos llevamos las manos a la cabeza porque hay aplicaciones que nos roban los datos, las fotos y utilizan o venden toda esa información sin nuestro consentimiento. Exactamente igual que hacemos con nuestros hijos colgando sus fotos y que sean accesibles a quien le plazca. Son nuestros hijos y efectivamente cada uno hace lo que quiera. Pero démosle una vuelta. Yo creo que ellos nos lo agradecerán.