Si hay o no Gobierno mañana creo que ni los protagonistas de todo esto lo tienen claro. Esta semana estamos pendientes de lo que se dice en el Congreso, de los gestos, de las llamadas, de las filtraciones de si hay o no contactos, de si los síes o noes que pueda sumar Pedro Sánchez a su investidura son los suficientes o no, de si nos iremos de vacaciones teniendo ya Gobierno o de si la situación se prolongará hasta septiembre e incluso se enquistará y habrá que repetir elecciones en noviembre.

Lo que pase lo sabremos mañana, y durante todos estos días de lo único que hemos oído hablar es de cargos, responsabilidades, repartos de nombres, ministerios y poco más. Poco más, muy poquito más.

A todos esos políticos preocupados por el asiento y no por lo que quieren hacer desde ese asiento (y, no se equivoquen, no me refiero únicamente a los dos partidos que están negociando, esto va para todos) les invito a que miren la iniciativa que ha puesto en marcha la primera ministra de Nueva Zelanda, una mujer a la que no hay que perder la pista.

Ha tenido que presentar sus presupuestos para el año que viene y, antes que priorizar la riqueza del país, el PIB, ha decidido que lo prioritario es la riqueza emocional de su país. Los ha llamado "los Presupuestos del Bienestar" y ha establecido parámetros para medir algo como la salud mental, la pobreza infantil, la protección del medio ambiente o las desigualdades de la población maorí.

Desde la oposición la han acusado de retórica, de insustancial, de poner nombres a lo que desde siempre se ha hecho en política. Pero, últimamente, los ciudadanos estamos cansados de que unos y otros se olviden por completo de hacer política, de mejorar la sociedad con acciones políticas y no jugar a la política midiendo estrategias, calculando cuál es el siguiente movimiento que más les conviene con el único objetivo de sumar votos y construyendo únicamente relatos que les sitúen mejor ante la opinión pública.

Es verdad que el nombre de Presupuestos del Bienestar debería ser el adjetivo que todos los presupuestos deberían llevar siempre: saber a qué vamos a dedicar cada partida para mejorar la sociedad en la que vivimos, la educación de nuestros hijos, la igualdad entre los diferentes, la protección de los que menos tienen, la sanidad, el bienestar de nuestros mayores.

Ayer escuchaba a un tertuliano que se sorprendía porque, por primera vez en este debate de investidura, apenas se había hablado de Europa, que ningún partido había planteado qué quiere aportar al proyecto de la Unión, donde de verdad se deciden muchas de las políticas que nos afectan en nuestro día a día. No, aquí no sabemos levantar la mirada, aquí seguimos practicando el ombliguismo político.