Francia lleva demasiado tiempo enfrentándose a un dilema muy shakesperiano: el ser o no ser de buena parte de su población. De esas segundas e incluso terceras generaciones de padres inmigrantes que nacieron en Francia pero que no se sienten franceses o, al menos, no acaban de sentir que el resto les ven como auténticos franceses.

La crisis de los barrios periféricos, los banlieues de las grandes ciudades, fue el polvorín que puso a Francia frente a una realidad que llevaba tiempo ignorando.

Luego llegaron la crisis de los chalecos amarillos, los atentados del yihadismo, el mirar con recelo al que fuera diferente, el auge del populismo y la extrema derecha, el discurso de quién es "el auténtico francés". Una olla a presión que ha generado una especie de paranoia con qué es ser o no francés.

Así que la idea que otros políticos franceses plantearon y que ahora Macron ha puesto en marcha ha sido la de recuperar una especie de mili civil, en la que durante 15 días, chavales de 15 y 16 años son apartados de su entorno, llevados a otro departamento para recibir una especie de adiestramiento.

Se levantan a las 7 de la mañana, lo primero que hacen es izar la bandera francesa, cantan La Marsellesa y empieza un día con varias actividades obligatorias: ejercicios, conocimientos en Defensa, clases sobre igualdad, inmigración, desarrollo sostenible, valores de la República.

Asistirán también a debates, aprenderán a escuchar y exponer argumentos sobre discriminación por orientación sexual. Discutirán sobre la radicalización de cualquier postura o sobre la igualdad entre hombres y mujeres. Durante esos 15 días tienen requisados los teléfonos móviles y solo se los dan al final del día, durante un rato antes de irse a dormir. Todos van uniformados y tienen prohibido fumar.

Para algunos, una disciplina castrense innecesaria, para otros, la única forma de lograr que esos chavales, vengan de donde vengan, sea cual sea su origen, aprendan que son parte de la misma comunidad.

Muchos creen que esto es solo posible en un país como Francia, impensable plantear algo así en España, dicen. La memoria de una dictadura militar es todavía demasiado reciente como para plantear milicias de jóvenes a los que se les somete a una mili civil.

De momento, es una experiencia piloto en la que solo han participado voluntarios: se presentaron 4.000, que ya es, y finalmente se ha seleccionado solo a 2.000 de ellos. El objetivo es que si entienden y ven que esto es positivo, estudian implantarlo como algo permanente.

Habrá que seguir de cerca la experiencia y sacar lo positivo de ella, porque aquí, nos guste o no, empezamos a tener muchas dudas existenciales sobre ser o no ser.