La primera vez que puse un pie en México fue hace 20 años, en mi luna de miel. Estábamos recorriendo la costa y cogimos un tour turístico en el que nosotros éramos los únicos españoles del autobús. El guía empezó a preguntar la nacionalidad de cada uno y cuando llegó nuestro turno, vi que torció el gesto. No entendí por qué, pensé que era el calor, que no le habíamos gustado o que nuestro acento le chirriaba. Pero en cuanto empezó a relatar la historia de cada lugar, lo comprendí.

No tenía mucho aprecio a aquellos españoles que 500 años atrás habían llegado a su país trayendo un nuevo mundo, religión y cultura. Deslizaba comentarios irónicos sobre nuestra ignorancia y, sobre todo, sobre nuestra arrogancia. Me sorprendió porque, 500 años después, efectivamente seguía habiendo cierto rencor a cómo fue nuestro desembarco en América.

Tras aquel viaje he vuelto a visitar México varias veces, por trabajo y por ocio. Un país maravilloso al que nos unen muchos lazos, y que muchos españoles eligieron como país de acogida tras la Guerra Civil. Esos lazos se sienten cuando pisas y recorres el país, pero también sigues encontrando mexicanos que efectivamente sienten cierto resentimiento por cómo llegamos a sus tierras.

La carta de López Obrador recoge, entiendo, ese sentimiento que en los últimos años se ha hecho patente entre quienes quieren reescribir el descubrimiento de América. Hace solo unos meses la escultura de Cristóbal Colón apareció con pintadas en varias ciudades de la California norteamericana. Algunos han pedido dejar de celebrar el 12 de octubre como el día de la Hispanidad...

Vaya por delante que creo que pedir perdón nunca está de más. Y que muchas veces, para quien te reclama esa disculpa, es muy necesario recibirla para poder cerrar heridas. Pero revisar lo que ocurrió hace 500 años, sinceramente, me parece arriesgado. Nuestra historia, como la de cualquier otro país, tiene muchas sombras y también alguna que otra luz luminosa.

Ayer los partidos políticos, en plena campaña, salieron en bloque a rechazar que el Gobierno o incluso el rey, como pide López Obrador, tengan que pedir disculpas por esto. Aquí cada uno cargó las tintas a su modo, ya saben, estamos en campaña. Y es curioso porque ha sido esto, la exigencia de un perdón público, en lo único en lo que casi todos los partidos, (Podemos no lo veía así), se han puesto de acuerdo. No sé si es motivo para celebrarlo o no.

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