Son prejuicios. Es así de simple, pero hay que entenderlo e interiorizarlo para que el estómago no se te vuelva del revés. Hagamos una prueba. Intenten averiguar de qué alimento les estoy hablando. Les voy a ir dando pistas.

Para millones de personas es el aperitivo más sabroso y nutritivo. Con un alto contenido en hierro y proteínas. Crujientes. Sabrosas. Se pagan auténticas fortunas por ellas o ellos. De hecho, se ha desatado toda una trama de contrabando que genera millones de euros de beneficios.

¿Patatas fritas? No, no se pagan, todavía, fortunas por ellas. ¿Jamón? Podría, pero no. Esta descripción puede servir perfectamente para hablar de las angulas, prohibitivas desde hace años pero también podría servir para hablar de los grillos, cucarachas o gusanos que desde hace unos días se venden ya en grandes superficies en España por un precio astronómico.

Prejuicios y cultura. Los anglosajones no entienden nuestra fiebre por esa especie de larvas pequeñas, con ojos saltones negros y que son un tanto babosas. Las ven moverse todavía vivas y piensan entre extrañados y estupefactos por qué estamos dispuestos a pagar hasta mil euros por kilo.

Hace unos días la BBC hablaba sobre esto y explicaba a sus lectores por qué en España hay tal fiebre con estas crías de anguilas. El periodista contaba que ni siquiera tienen un sabor especial, que son insulsas y que de hecho, la receta tradicional es acompañarlas con mucho ajo y aceite, para darle algo de gracia. A quienes hace años que no comemos angulas (las probé de muy pequeñita en casa, unas Navidades, cuando todavía se podían comprar) nos hace sonreír el comentario del inglés.

La crónica hablaba también de los millones de euros que está moviendo el tráfico de angulas. Han salido miles y miles de kilos de forma ilegal de España en los últimos meses para venderse a precio de oro en China. Pero esto es otro artículo.

Volvamos a lo del paladar y el sabor. Esa misma crónica podría servir sin retocar ni una sola coma para hablar de cómo vemos desde aquí los aperitivos a base de insectos crujientes. Los venden de todos los sabores, aliñados o simplemente tostados. Quienes los han probado aseguran que están ricos, que son sabrosos, que tienen un alto nivel nutritivo. Pero claro: también comemos con los ojos y meterse un bicho negro, con sus alas y antenas así, en la boca, da cierto reparo.

Dos tercios de la población del planeta come insectos. Por su alto contenido en hierro, calcio y proteínas. Y porque lo consideran un manjar. Y también se pagan a precio de oro: 500 euros el kilo. Supongo que es cuestión de abrir la mente y dejarse sorprender. Cerrar los ojos y saborear ese bocado que para muchos es una exquisitez. Bon Apettit!