Estamos acostumbrados a verlos con casco y manguera en mano apagando incendios, luchando para controlar las llamas y lidiando con los cambios de viento. Intentando salvar nuestros bosques, nuestros montes, acotando y perimetrando peligrosos incendios, jugándose la vida. Pero hay veces que sin necesidad de tirar de casco o manguera, también hacen milagros. Y sin que salgan en la tele.

Los bomberos de Marbella han dado toda una lección de solidaridad: han estado todo el curso siendo esos héroes sin capa y esos ángeles de la guarda sin alas para que Benjamín pudiera seguir, de la forma más normal posible, con su vida. En octubre le diagnosticaron un tumor cerebral y tras unos meses ingresado, Benjamín –con 7 añitos– volvió a casa en silla de ruedas, dispuesto a retomar su vida y su pasión (quería volver a jugar al futbol). Pero ese sueño era complicado de cumplir: el tumor le había dejado postrado en silla de ruedas y atrapado, literalmente, en una casa sin ascensor.

Salir a la calle o ir al colegio era imposible, su familia solicitó las ayudas pero no hubo respuesta, hasta que llegaron ellos, sus ángeles de la guarda vestidos con mono azul. Cada mañana subían a por él y le bajaban a pulso hasta la calle para que no faltara a clase. Cuando terminaba el cole, ahí estaban ellos de nuevo, esperándole en la puerta para llevarle de nuevo a casa y subirle cada tarde, de nuevo, a pulso, hasta su piso, un cuarto.

Su familia había pedido las ayudas necesarias para poder habilitar su casa a la nueva situación de Benjamín, pero la burocracia, el papeleo y seguramente las elecciones, dilataron todo ese proceso y las ayudas nunca llegaron.

Mientras, el equipo de bomberos de Marbella decidió ir recabando dinero para poder hacer las reformas necesarias, para echar una mano a una familia que bastante tenía con lidiar con la enfermedad de Benjamín. Buscaron una vivienda a la que se pudieran mudar y, al final, el pequeño robó el corazón de todos.

El viernes, el tumor, el maldito tumor, le ganó la batalla a todos. Y los bomberos de Marbella tuvieron su último gesto: donar los seis mil euros que habían ido juntando de poquitos en poquitos a su familia para que pudiera pagar el funeral. Porque ni eso podía permitirse la familia de Benjamín. Ninguno ha querido hablar con los medios, ninguno ha querido conceder una entrevista, contar su historia.

Lo que tenían que decir ya se lo dijeron a Benjamín cada mañana, cuando lo cogían en brazos y lo bajaban a la calle. Y con eso se quedan. Así que gracias a ellos por lo que hicieron durante estos meses y gracias también por su último gesto. Desde aquí mi más absoluta admiración. Sois mis héroes.

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