Se supone que hemos quedado para vernos, charlar, desconectar, contarnos cómo nos han ido las últimas semanas, reírnos y olvidarnos de los problemas durante un rato.

Cuando quedamos con amigos para tomar algo el objetivo es ese: vernos y charlar un poco de todo. Pero desde hace ya demasiado tiempo, nada más llegar, nuestro primer gesto es meter la mano en el bolso y sacar nuestro móvil. Y lo dejamos ahí, plantado junto a nuestro plato. Bien pegadito a nosotros. No vaya a ser que nos llamen y no nos localicen.

¿A las 9 de la noche? ¿A las 11? Sí bueno, nuestro trabajo es así, te dices a ti mismo. Da igual si tu profesión es periodista, médico, bombero o responsable de mantenimiento de una planta. Nos vemos en la obligación de estar permanentemente conectados. Chequeamos cada cierto tiempo los mensajes. Revisamos las llamadas y echamos una ojeada rápida a las redes. No lo dice nuestro contrato, es verdad, pero nuestra profesión no tiene horario. La información no cierra de 21:00 a 8:00 de la mañana.

Pero ¿y para el resto? Para el resto se ha establecido como una norma, un pacto tácito que aceptamos porque nuestro trabajo es así. Y que ha empezado a ser una muy mala costumbre. Ikea ha sido la primera empresa que ha decidido regular esto por convenio: el jefe no podrá molestarte con emails, llamadas, sms o mensajes fuera de tu horario laboral.

Es lo que se llama la desconexión digital. Nuestros teléfonos nos permiten localizarnos en cualquier sitio y a cualquier hora. Y no solo nuestros jefes. No sé a ustedes pero a mi me llegan a entrar whatsapp relacionados con el trabajo a la una de la madrugada. De gente que tiene tu número, que habitualmente utiliza ese canal para enviarte información y que o no duermen, o no desconectan o dejan programados los mensajes para que te lleguen a esas horas. Les da igual si estás descansando o no. Te mandan el mensaje. Y si te despiertan o no es ya tu problema. ¡Una locura!. Y una forma de invadir tu espacio, tu intimidad.

En Francia a principios de 2017 se aprobó una ley para que las empresas con más de 50 trabajadores respetaran los tiempos de descanso de sus empleados. Si no están en la oficina no tienen obligación de contestar un email o un mensaje. Y da igual cuál sea su profesión o responsabilidad, no hay diferencias. Hay turnos, hay escalafones y sea lo que sea, seguramente o puede esperar o hay otra forma de resolverlo sin tener que molestar a tu empleado un sábado por la tarde.

Así que empecemos a cambiar costumbres y empecemos a dar ejemplo: si estamos todo el día pegados al móvil ¿con qué cara vamos a pedir a nuestros hijos que levanten la vista de la pantalla y nos miren? Pues eso.