El nombre es complicadito de pronunciar, pero créame que nos lo vamos a acabar aprendiendo y que se nos va a marcar a fuego, porque lo vamos a escuchar mucho en los próximos días. Tiangong-1 es el nombre con el que los chinos bautizaron a su primera estación espacial. La pusieron en órbita en 2011, y aunque estaba previsto que durase dos años dando vueltas alrededor de la Tierra, decidieron mantenerla ahí arriba para estudiar cómo determinados elementos se comportaban en suspensión. Ningún astronauta volvió a instalarse allí, porque para 2014 enviaron la Tiangong-2, más moderna y mejor equipada. Pero a los chinos, tenerla ahí orbitando no les suponía un problema... hasta ahora.

Traer de vuelta a la Tiangong-1 no es posible. En 2016 admitieron, ante las evidencias, que habían perdido el control sobre la estación. Que iba orbitando sin rumbo, perdiendo altura de forma progresiva. Así que empezaron a reajustar los cálculos y comprobaron que, a ese ritmo, Tiangong-1 entraría definitivamente en la atmósfera terrestre hacia marzo de 2018 y que se acabaría estrellando en algún punto indeterminado. Conforme se ha ido acercando la fecha, han ido acotando más ese ‘indeterminado’ (tampoco se crean que mucho más). Hay una extensa franja que incluye desde la latitud 42,7 grados norte hasta la latitud 42,7 grados sur. A usted y a mí es como no decirnos nada. Pero si les digo que en esa franja está el centro y norte de España, empezamos a ubicarnos un poco más, ¿verdad? Para tranquilizarnos a todos nos insisten en que en cuanto la estación entre en contacto con la atmósfera se desintegrará, pero no de forma completa. La estación completita, con todas sus tuercas y tornillos, pesa más de ocho toneladas. Y aunque efectivamente se desintegre, habrá trozos más o menos grandes que llegarán a impactar contra la tierra o contra lo que encuentren, porque aquí no podrán elegir ni nadie los guiará. Donde caiga, oiga.

Solo un día antes, 24 horas antes, podrán determinar con exactitud cuál es la zona de impacto. Esa fecha ronda el 4 abril, semana arriba, semana abajo. Como ven, todo muy exacto (léase en modo irónico). Así que hasta entonces, nos tocará hacer conjeturas.

Insisto en que los expertos, los de verdad, los que saben de esto, repiten una y otra vez que hay que estar tranquilos, que es muy improbable que ocurra una desgracia. Y para reforzar esa idea hacen un símil: tenemos las mismas probabilidades de que la Tiangong-1 se estrelle en España como de que nos toque la lotería o de que nos caiga un rayo. Así que si usted es de esos a los que jamás le ha tocado nada ni en la rifa de la parroquia, quédese tranquilo.