Autoestima: aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo. Cuánto te quieres, cuánto te valoras y cuánto te aprecias. Todo parte de cómo te ves a ti mismo. O cómo crees que los demás te ven a ti. Trabajar esa parte de percepción positiva sobre nosotros nos ayuda a ser más fuertes de cara a los retos que tenemos cada día: los personales y los laborales. Pero no siempre te ves como un supermán o una superwoman.

Desde muy pequeños vivimos comparándonos con el de al lado: sus zapatillas, sus juguetes, sus notas, su ropa, su trabajo, su coche, su casa, su novia, sus viajes. Vivimos mirando de reojo y perdiéndonos lo que nos ocurre solo a nosotros. Estamos hambrientos de la aprobación de los demás, de que nos acepten, de que nos valoren, de que nos digan lo bien que lo hemos hecho. Las redes sociales han multiplicado por mil esa necesidad imperiosa de ser aceptados. De gustar. Y mientras esperamos esa palmadita en el hombro, que no llega y que seguramente nunca llegará, nuestra autoestima se va minando, minando y minando hasta saltar por los aires.

Cómo alimentamos esa autoestima depende de cada uno. Hay quienes necesitan ser reconocidos profesionalmente, que su equipo, sus jefes les apoyen en sus proyectos, los animen y les aplaudan en sus éxitos. Hay quienes cimentan su autoestima en su pareja, en la persona que tienen al lado. Lograr una relación estable y sólida les da confianza. Y los hay que han decidido que la autoestima no la van a lograr fuera, sino dentro. Porque la autoestima parte de fuera para dentro, pero también de dentro hacia fuera. Si tú no te valoras, difícilmente te valorarán los demás.

Estamos hambrientos de la aprobación de los demás, de que nos acepten, nos valorenLaura llevaba tiempo esperando a su media naranja. Tuvo una pareja durante 12 años pero aquello se acabó y avisó a sus amigos y a su familia: si con 40 no había encontrado a esa persona especial, tomaría una decisión. Se casaría consigo misma. Y dicho y hecho. Laura celebró por todo lo alto su boda: su vestido, su tarta, sus invitados, su baile, pero ningún novio que la acompañe en las fotos. Ella sola. Proclamando al mundo que se ama a sí misma y que es feliz así. Que no necesita a alguien a su lado para sentirse plena. Laura no es la única: en Reino Unido, Grace se organizó incluso una pedida de mano meses antes de casarse con ella misma en Londres. Algunos avispados han visto aquí un filón: en Canadá y Japón han creado empresas especializadas en las bodas con uno mismo, o más bien con una misma, porque todas están dirigidas a ellas (de momento, las más animadas a practicar la sologamia). Te venden anillos, te organizan la luna de miel. Evidentemente no son bodas que tengan un reconocimiento legal.

Es el yo, mí, me, conmigo llevado al extremo. Pero de esto hay tanto en lo que estamos viviendo estos días que ya casi ni sorprende.