Tras el fiasco de Hillary Clinton hace ya más de un año, el Partido Demócrata de Estados Unidos ha estado a la deriva, viviendo casi como un huérfano. No tienen un líder, una cara, una voz que haga frente a Donald Trump y que impulse una nueva política en un país que vive por y para la política. Buscan referentes que les hagan de nuevo ilusionarse con el sueño americano, con la idea de que su país es un gran país en el que merece la pena vivir.

Muchos compañeros de profesión llevan días intentando explicar a los que no vivimos allí la dimensión de la figura de Oprah Winfrey en EE UU. Es mucho más que una presentadora de televisión, que una actriz o una empresaria. Fue quien impulsó a Barack Obama como candidato (en parte también muy al principio a Donald Trump), quien ha construido un imperio en torno a ella. Y por eso su discurso el otro día en los Globos de Oro fue mucho más que un alegato contra los abusos sexuales. Los medios vieron en ese discurso su pistoletazo de salida para la Casa Blanca. Su puesta de largo en su nueva faceta: la de política. Meryl Streep decía que da igual si se presenta o no, ahora ya no tiene más remedio que hacerlo, aseguraba. Veremos.

Algunos afirmaban que si Donald Trump ha logrado llegar a la Casa Blanca, cualquiera lo puede hacer. Yo, ciertamente, desconozco la dimensión social que tiene Oprah en Estados Unidos. Sé que es toda una gurú, da igual de lo que hable: es una mujer con carisma que inspira a muchos de los que la oyen y ven. Y dado que Michelle Obama ha negado una y otra vez que piense presentarse en 2020, la opción más viable para muchos es ella, Oprah.

La opción más viable para muchos es que Oprah se presente a presidenta en 2020

Y en ese perfil el partido demócrata ve al líder que lleva buscando 14 meses. Y encima es mujer. La figura de Hillary resultaba atractiva no por su apellido, sino por ser la primera mujer que podía llegar a la Casa Blanca. Pero al final el apellido y su posición elitista pesaron demasiado. No era alguien con el que los votantes se sentían identificados, ni siquiera, y mucho menos, las mujeres. Y aquí Oprah es precisamente lo contrario. Encaja a la perfección con esa imagen de mujer hecha a sí misma. Mike Allen resumía perfectamente qué supone Oprah para el norteamericano de a pie: "Es famosa, millones de mujeres la adoran, es progresista y no es un hombre blanco".

Pero lo cierto es que la política trata, o debería tratar, de poner a los mejores a disposición de la sociedad. A gente con ideas que puedan cambiar el mundo. A líderes que sepan inspirar y dinamizar proyectos. A gente preparada que no busque en la política la forma de enriquecerse o acumular poder, sino realmente la herramienta para ponerse al servicio de la sociedad y ayudar a mejorarla.

El eslogan de los estrategas de campaña de los demócratas es tan goloso que me extrañaría que lo dejaran escapar. Así que, amigos, tendremos que hacer un máster en saber quién es esa mujer que el domingo de madrugada anunciaba que hay un nuevo día en el horizonte. ¿El de 2020? Veremos.