En comunicación política, el debate entre Nixon y John Fitzgerald Kennedy es el ejemplo que se menciona una y otra vez para explicar cómo la imagen, el trabajo de un buen asesor, pueden encumbrar a un candidato. Quienes vieron por televisión aquel debate dieron como ganador a Kennedy. Quienes lo siguieron por la radio, consideraron que Nixon había sido mucho más convincente. "Es absurdo" pensarán: lo importante es lo que digan y no cómo lo digan. A partir de aquella campaña ya no.

Kennedy supo manejar los tiempos y manejar los medio JFK habría cumplido 100 años esta semana. Convertido en mito ya antes de su asesinato, cada uno de los presidentes que han venido después han querido envolverse o emular su carisma. Mirarse en su espejo. Pero muy pocos, o casi ninguno, lo han conseguido. Joven, excombatiente de la Segunda Guerra Mundial y con una mujer que le aportaba ese toque de glamour que tan bien le venía a Estados Unidos, Kennedy supo manejar los tiempos y manejar los medios. Sus veranos en Hyannis eran seguidos por miles de periodistas. Sus salidas en barco, sus visitas a misa los domingos. Y hasta sus infidelidades eran conocidas y perdonadas.

Trump ha venido a Europa a decirle que o acepta sus condiciones y paga la factura, o que se apañe solita

100 años después, Trump se ha estrenado como presidente de los Estados Unidos en su primera gira internacional. Y también aquí había mucho de puesta en escena, de cuidar los detalles, pero en este caso Trump es Trump y da igual el ejército de asesores que tengas. Empujones para salir en la foto, manotazos, desplantes y, como guinda, ignorar en la foto oficial de primeras damas a la pareja del primer ministro de Luxemburgo porque es un hombre y es gay. Le ha caído tal aluvión de críticas que, esta vez, la Casa Blanca sí ha rectificado. Al final, incluyó su nombre y se dignó a mencionarle.

Pero al margen de los detalles o de las formas, lo inquietante es el mensaje. Trump ha venido a Europa a decirle que o acepta sus condiciones y paga la factura, o que se apañe solita. Recriminó que 23 de los 28 países de la OTAN no gastan el mínimo requerido en defensa. Y que Estados Unidos no está dispuesto a poner de más ni a compartir medios o información. Merkel verbalizó lo que muchos presentían desde hace tiempo: "Señores, estamos solos y dependemos de nosotros mismos". Puede sonar preocupante, pero para Europa puede ser una oportunidad: somos los que somos y unidos sumamos más que yendo cada uno por nuestro lado. Quizás era esto lo que necesitaba el proyecto europeo para consolidarse.

Rescato una de las frases de JFK que estos días se han recordado: "No busquemos respuestas demócratas o republicanas, busquemos las respuestas correctas. No busquemos arreglar la culpa del pasado. Aceptemos nuestra responsabilidad con el futuro". Pues eso.